Frente a las fronteras impuestas por los imperios, países, reinos o naciones,
en cuanto se derrumban, se aglutinan todo tipo de antisociales,
pendientes de hacer sus bacanales, sean estos ladrones, asesinos, sicarios, bufones,
mercenarios, avaros, usureros, dirigentes industriales, comerciales, políticos o
financieros inmorales, ilusionándose porque las barreras artificiales pierden sentido
junto a la inmediata caída de esos cimientos, pudiendo entonces atravesarlas fácilmente
con las pandillas internacionales y globalizadas que no se demoran en contratar,
pudiendo entrar por los resquicios que se reproducen de manera exponencial
al derrumbarse, dejándoles libres los caminos hacia lugares que se habían vuelto
cotos de caza estatales, privatizándolos a partir de unas ideas personalistas y egoístas,
con las que han logrado transformar al mundo en recintos limitados y atravesados
por linderos invisibles, que resultan mortales a través de los intereses corporativos
que se crean en medio de ellos, en cuanto caben cuando caen los principios éticos
bajo los ideales sociales y generales, encima de las sociedades.