11 agosto 2022
- Intentaba razonar algunas ideas sobre un supuesto estudio sobre la vivienda del 2030 y me he quedado con los ojos clavados en la foto de mi niña más pequeña. Mientras la miraba, me daba cuenta de que en el 2030 ella tendrá diecinueve años y que la mayor, tendrá veintitrés. Parece que solo se preocupan del futuro los que tienen la necesidad de predecirlo, pero desde el más cruel, puro y escéptico sentido industrial y económico. Nadie habla de educación, de fidelidad, de entrega, de esfuerzo, de sentimientos, de literatura o de dignidad, por ejemplo.
- Lo he dejado, sigo sin escribir una sola línea, de momento, claro.
- Abro la nevera y está como el imaginable futuro, a tres grados y hasta se han congelado algunas botellas que se han pegado a una de las paredes del fondo.
- Abro la ventana, subo la persiana y veo un ambiente helado a pesar del calor tropical que nos mata. El abuelo que jugaba con sus bolos ahí en el Paseo hace ya más de dos meses que no lo veo. La señora que paseaba el perrito enano por el parque, recogiendo sus caquitas como si de oro se tratara, parece que tampoco va a venir más. Las palmeras del cuadro que se pinta ante mi parecen ladearse y las ramas están mustias. Frío en las mesas del bar de la acera de enfrente, solo veo a dos viejos con su periódico en la mesa apostados bajo una fría sombrilla, ambos están juntos y no parecen hablarse. Frío en la terraza del piso de la planta primera de la que salen reproches de tono insultante entre la pareja que se insinúa y que allí están sentados.
- Me acuerdo de que esta madrugada, me ha entrado un raro helor al ver que estaba cerrado el bar de la Loli y que un papel blanco, con una banda negra cruzada, sin más explicación, presidía la persiana de metal que presagiaba el cierre por algo poco feliz. Me he colado en un Bar de la Playa a tomar un café y allí había cinco personas agarradas a una copa de esas que se supone era de anís, unos, y de coñac, otros, y cada uno con su taza de café, de pie y en la barra. El frío se notaba en el ambiente. Solo uno ha contestado a mis buenos días con una mirada, todo sin palabra alguna. Todos tenían la mirada sobre la barra o sobre la pared frente al mostrador, todo y todos, sin palabra alguna. Mi adiós a ese siniestro local ha sido como el resumen a todo ese frío que hoy siento, no ha habido palabra alguna, ni siquiera el camarero parecía humano.
Todos dicen que hace un calor horroroso, pero yo solo he encontrado frío. ¿Seremos capaces de conseguir ese calor que hoy no encuentro, para ese mundo del 2030 que espera a mis hoy intrépidos y atrevidos enanos? Quizás por ahí debiera iniciar mi informe y, quizás, también, no solo el mío.
Fuente: etfreixes.blogspot.com