03 abril 2010
- "Lo que pasa es que uno siempre ve las cosas malas que me pueden pasar" - Así se despachaba conmigo, Torerín, uno de los contertulios menos activo a la hora de buscar conversación o baile sin control, mientras estábamos en los lavabos del Palacio, donde los viernes "la nuit" sacamos a relucir, los viejos colaboradores de la música en vivo, nuestra sabiduría y nuestras joyas.
- Cuando un tío es triste, no lo puede evitar por mucho que le digas cosas en la dirección positiva que a cualquiera le haría efecto, pero hay gente, esa gente de la que hablo, los tristes, con los que no hay nada que hacer, es como si se hubieran muerto ya hace muchos años.
- Torerín, (le llaman así porque fue torero en los 70), mi triste colaborador nocturno, estaba hecho una verdadera mierda, (con perdón), me refiero a que estaba moralmente hundido y no a que estaba con dos copas de más. Resulta que su vida discurre por la más ancha y larga de las soledades que a un ser humano le puede tocar vivir. No tiene hijos, enviudó hace 8 años y ahora con 72 no tiene ningún aliciente que le haga levantarse, cada día, con ganas de hacer algo. Tampoco le quedan hermanos, ni sobrinos, que él sepa. Solo tiene su soledad, bueno, su soledad y la Sabi, que es esa colombiana que a todos nos alegra la vista y la imaginación con sus sabrosones pasos de baile al más puro estilo “tropycal dance”. No habla mucho la niña, y digo niña porque debe tener unos treinta y muchos, tan solo, pero verla bailar y hablar, es algo maravilloso. Tuve que tocarla, y fuerte, para asegurarme que no era, ni hinchable, ni de goma.
- “Tío, le dije a Torerín, ¿pero cómo te vas a suicidar teniendo esa linda niña ahí, que parece que te va a comer hasta las orejas con ese acariñamiento que te regala?”
- Nada de eso Enrique, nada de eso. Es que yo me acuerdo de mi Amparo y no lo puedo evitar. Además, ayer me hice unas pruebas y parece que tengo algo en el riñón. No sé, no tengo ganas de hacer nada.
- Allí lo dejé, mientras volvía a mi sitio en la mesa, con la Sabi que se lo comía a cariñitos y él que parecía que se iba a poner a llorar de un momento a otro.
- No seas así Enrique, me dice el Ruipérez, que es el responsable de la sala, y que está en todo: "Torerín está muy jodido y aunque el dinero le sobra y mucho, le falta el pilar principal, enviudó y, además, le falta la pata central la cual perdió hace ocho años ya, o sea, le falló todo a la vez. Ojalá no te veas tú así, Enrique. A mi estuvo a punto de pasarme lo mismo, (quedarme viudo y sin pata central, hace un año), pero mi mujer se recuperó tras la extracción de un tumor en el hígado y el urólogo y una compañera de Sabi, me arreglaron, cada uno a su manera, la pata central... pero aún no las tengo todas. Ahora, cuando salgo de aquí, me voy a casa corriendo, pensando que algún día esto puede acabarse".
- Me fui acercando a la mesa y al llegar cogí a mi niña y le estampé un enorme abrazo de esos que parece que no vienen a cuento y tanto se notó, que me puse a temblar y ella me dijo: ¿Pasa algo cariño? No, contesté y seguí en el abrazo hasta que me harté.
- Hoy ya es domingo y continúo hecho un trapo, pues sigo acordándome de Torerín, de su Amparo, de la Sabi, de la amiga de la Sabi, del Ruipérez y de la supervivencia de la tercera pata.
Fuente: etarragof.blogspot.com