Esto es la historia de un presunto crimen perfecto, acaecido en Nuevo León, México, con una narrativa oficial que podría, podría, configurar una historia.
Pero engarzar la historia es un poco difícil, ya que sin cadáver no hay delito que perseguir. Los móviles y los autores se agazapan en las sombras del poder, y con el cadáver se ha cumplido, vía crematorio, la máxima de polvo eres y en polvo te convertirás.
Aunque existen evidencias y testimonios de que la víctima existió, la inexistencia del cadáver nos lleva a considerar que no se puede demostrar la motivación y mucho menos llegar a el autor material o a la autora o autores intelectuales. En ello reside la auténtica perfección del crimen. Pero si se quiere llegar al fondo del asunto, la cremación del cadáver es más bien una agravante que podría llevar a descubrir al autor material, a los cómplices y a la autora o autores intelectuales, así un día u otro se despejaría el secreto del crimen. Cuando hay voluntad, el crimen jamás es perfecto.
EPILOGO.
Lo real no desaparece en la ilusión, es la ilusión la que desaparece ante la
realidad.