18 febrero 2022
- No pude evitarlo, se lo oí recitar a mi amigo Lucas, el cantante de Tangos imposibles, y me puse tenso, tanto que se me derramó el café caliente y cayó ahí, justo ahí, entre piernas. No grité, (no grité mucho), me contuve, usé media servilletera y lo dejé por imposible, y aunque el dolor era, ciertamente, molesto, vi su parte positiva de la desgracia, me di cuenta de que cierta parte de mi anatomía aún no ha muerto.
- Bien, vayamos al asunto que me ocupa aquí. Decía que Lucas se estaba arrancando como un rapsoda brillante que es, (y un simpático y fresco mujeriego, por cierto), y todos, tras soportar mis inaudibles alaridos crematorios, nos pusimos a escucharle:
"Algunos creen que es muy fácil, otros creen que es innecesario o hasta que es una solemne mentira, una tontería, pero ya lo dijo Neruda en una de esas múltiples y enormes citas recogidas de su legado…
“Conocer el amor de los que amamos es el fuego que alimenta la vida.”"
- Tras un atronador silencio, empecé a aplaudir, (nadie quiere empezar a aplaudir el primero cuando se trata de notar afecto a las sensiblerías), y al instante fueron todos los que puestos en pie empezaron a corear el nombre de «Lucas, Lucas, Lucas … » y yo intentando cambiar el tercio, empecé a corear… «Pablo, Pablo, Pablo …» y ahí, justo ahí, en ese momento, aparecieron la Loli y el Antoine, que a saber dónde estaban y que estarían haciendo, pero ante el tumulto se presentaron con un par de botellas de Cava Brut de Sabater, (un cava muy valenciano que se vende en Mercadona para jubilados), y una docena de copas que la niña de la cofia y nombre impronunciable repartió como si fueran naipes y a partir de ahí, … a partir de ahí ya no se cuenta pues pusimos los tres rombos en la escena.
Fuente: etarragof.blogspot.com