Si Juro

 
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Foto de Jorge Castro Ballesteros

Si Juro

Por Carlos Eduardo Lagos Campos

Hace, 39 años un 01 de junio de 1982 hice mi juramento de bandera en el campo de paradas batalla de Boyacá de la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova, donde juré defender la vida honra y bienes de los colombianos después de mi retiro refrende se juramento con la constitución del 91 y lo hice extensivo a sus creencias.

Es así como desde el centro de Pensamiento Libre hemos venido proponiendo el respeto a todos los espectros del pensamiento en todos los campos político económico social e intelectual

Cada año todos los primeros de junio se celebra la ceremonia de juramento de bandera donde los cadetes se comprometen a defender la vida honra, bienes y creencias de los colombianos; pero ese año fue muy especial, pues bajo la dirección del general Nelson Mejía Henao; se propuso realizar una ceremonia espectacular con bloques de 36 cadetes de fondo cuando lo usual era de 12 y con una forma de marchar al estilo prusiano que se llamaba paso redoblado, lo cual implicaba rozar el césped con la punta de los zapatos de una manera muy elegante pero difícil de realizar; sin embargo las cosas se complicaron porque a pesar de ser comienzos del verano, cayó en Bogotá una lluvia torrencial muy intensa, lo que ocasionó que tuviéramos que hacer muchos esfuerzos para poder secar a mano el campo de paradas. El cadete Camilo Jiménez Calderón nos recuerda este episodio: “Fue una temporada de invierno, de aquellas en las que la ciudad se ve desdibujada por una niebla constante, lluvias torrenciales en las tardes y una precipitación pertinaz que dura toda la noche. Los habitantes, ya acostumbrados a esta inclemencia, saben que deben utilizar gabardinas, chaquetas de invierno y sombrillas constantemente.

En la Escuela Militar la situación era muy similar. Pero los proyectos, las celebraciones y las actividades militares estaban programadas y no había forma de cambiar las fechas. Era una ceremonia que queríamos que fuera memorable, los cadetes estábamos listos; ensayábamos noche y día, la gran sorpresa para nuestros superiores: íbamos a desfilar por escuadras de a 36 hombres. ¡Todo un pelotón en fila! Es algo que nunca se había visto en la historia de la Escuela.

Dos o tres días antes de la ceremonia la lluvia no se detenía. Y así fue durante muchas horas. El resultado fue fatal: el campo de paradas, por donde íbamos a desfilar con nuestros pantalones color crema casi blancos, se había convertido en un pantano. Los pies se hundían en una mezcla de pasto, tierra y agua. Estábamos apenas a 24 horas del desfile y se avecinaba una catástrofe.

Sin embargo, siempre hay un visionario, siempre hay uno con ideas innovadoras: la solución: ordéneles a los cadetes que salgan armados de sus toallas y cascos de guerra. En hilera, todos los cadetes fuimos “secando” el campo de paradas con las toallas y las escurríamos en los cascos…

Fue una verdadera locura. ¿Así la cosa funcionaría? ¿Alcanzaríamos a secar el campo de paradas? ¿Lo haríamos a tiempo? Hora tras hora, fuimos sacándole el agua. Lo que al comienzo se veía como algo improbable, fue dando resultados poco a poco. Si, metro a metro fuimos secando el pasto. Los cascos llenos de agua fueron desocupándose en las alcantarillas. Las toallas, completamente negras, fueron las armas que utilizamos para poder cumplir la orden de llevar a cabo el desfile.

Y como por arte de magia, al día siguiente el sol brilló sobre nuestros cascos y penachos, mientras logramos una parada memorable, que jamás se borrará de nuestra memoria y de quienes asistieron a tan magno evento”.

Y solo entonces pudimos entonar la oración patria, esa que nos pone la piel gallina y refrenda cada año nuestro compromiso por una Colombia mejor: “Colombia patria mía, te llevo con amor en mi corazón. Creo en tu destino y espero verte siempre grande, respetada y libre. En tí amo todo lo que me es querido; tus glorias, tu hermosura, mi hogar, las tumbas de mis mayores, mis creencias, el fruto de mis esfuerzos, la realización de mis sueños. Ser soldado tuyo, es la mayor de mis glorias. Mi ambición más grande es la de llevar con honor el título de Colombiano, y llegado el caso, morir por defenderte”. Wow, cuando escribo estas letras se vienen a mi mente toda una serie de recuerdos, de momentos, de vivencias que solo los soldados de Colombia podemos entender.

Hoy lo refrendo, a todos mis compañeros de escuela y del curso Gustavo Matamoros D'costa, los abrazo y me ratificó junto a ellos en este juramento.



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