Le señalaba un viejo a su hijo cuál era el destino que debía seguir,
ara obtener una buena vida, alcanzando un objetivo seguro y feliz,
juicioso, aquel hijo escuchaba las recomendaciones que su padre le daba,
sin embargo, más tardó aquel hombre en hablar, qué el joven en incumplir,
pues esos consejos traían implícito trabajar para lograr un buen porvenir,
cuando, la mejor receta de una buena vida, no contienen ninguna pena,
ni física ni mental, ya que hoy todo se resume en la ley del menor esfuerzo,
donde, cada quien, debe encontrar el camino más fácil y libre,
que le permita obviar tener que sufrir, así tenga que robar, mentir o matar.