07 marzo 2019
Un mal día te levantas sin saber que te van a decir que puede que te estés muriendo y que vayas corriendo al centro de reparaciones con la maleta pues te guardan cama y aliento.
Ya mejor, siete días después, te dicen que la vida ha vuelto a circular por mis venas y las vísceras del amor y las que lo sustentan, especialmente, han vuelto a la normalidad más genuina.
No obstante, y ya puestos a mejorar el sentido y la forma de vida que te espera para los restos, te meten en el ojo de la imagen interna que todo lo ve y te piden y desean, ayuno de males durante siete días más en el que el ojo poderoso de las interioridades diga lo que ve y si lo ve con claridad terrenal o con la celestial.
Cuando ya crees que la ansiedad existe y hasta comprendes que alguien muera en la espera de lo que diga el ojo que todo lo ve, por dentro y hasta por fuera, te informan que éste, (el ojo poderoso de las interioridades más ocultas), no ha visto nada y que el ejército de bichos malignos que casi te llevan a la tumba o han desaparecido o no se dejan ver, lo cual acompañado de un color rosáceo en cara al saberlo, te dicen y confirman, que estás limpio de todo mal interno, salvo el que el confesor amigo, con su otro ojo, el celestial, no descubra otros que no por inofensivos son menos merecedores de laceraciones profundas, claro.
En fin, día jueves, como dicen en Cuba, y, además, ladran, como diría el Gran Hidalgo cervantino, entonces puedes decir que estás vivo para vivir, sí, lo más posible y largamente. Mientras, en un apartado rincón de los momentos para soñar y sin mirar hacia atrás, tras esta nueva experiencia “visceral”, empiezas a creerte que lo del CARPE DIEM no es algo baladí.
Fuente: etf1949.wordpress.com