10 noviembre 2018
Pasaba esta madrugada por la puerta de la cocina del Hospital Rehabilitador y me ha llamado la atención una vieja música que estaba aturdiendo mis sensibilidades, y mis heridas, que de allí salía con un volumen atronador.
Me he parado y tras alguna duda, he entrado en la cocina. Al fondo un viejo “funcionario”, vestido totalmente de blanco, tenía las manos sobre la encimera de la cocina, la cabeza en alto y sin movimiento alguno parecía escuchar la música con atención, incluso hubiera jurado que estaba tatareando la letra de la “atronadora aunque suave” canción.
La música salía de un viejo “Radiocasete” que estaba en un estante alto luciendo su brillantez y sus nostalgias. He estado allí hasta que ha terminado su deleite y el ruido, pues justo entonces se ha vuelto y me ha visto. – ¿Quiere algo?, me ha dicho.
No hemos hablado mucho, al menos yo no he podido hacerlo, pues al informarle que la canción que estaba oyendo era una de mis favoritas hace 50 años, más o menos, el “Hombre de Blanco Inmaculado” se ha puesto a contarme sus noches de Blanco y Satén en la San Feliu de Guixols de la época y que ya nada es igual.
Ha tenido que ser un molesto ding-dong de mi teléfono, avisando que ya llegaba tarde a mi cita, la que ha cortado tan importante declaración. Ver la encendida pasión con que aquél hombre me hablaba de sus “fechorías juveniles” y de lo feliz que fue y sigue siendo, según contaba, un hombre vestido de blanco, metido entre cuatro paredes blancas de un sótano que es donde está todo su mundo diurno de 7 a 1 y de 6 a 8.
“Soy mas feliz que nunca, pero me acuerdo tanto de todo aquello que eso hace que aún sea más feliz. Pongo esta música todos los días y a todas horas, ¡qué tiempos!”.
A veces debería grabar, en un imaginario video, estas escenas para pasarlas en aquellos otros ambientes en que la gente ya no sabe lo que quiere, esa gente que se aburre tanto, esa gente que no saben que se puede ser feliz con muy poco.
Y yo, con él, con el Hombre de Blanco y su felicidad, me he rehabilitado un poco más.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com