27 octubre 2018
Allá por los cincuenta y pocos, ese niño, con cinco años, se acurrucaba entre las piernas de Ella, bajo la máquina de coser Pfaff, y allí jugaba al ritmo y el traqueteo del coser de Ella. Él le preguntaba sobre los problemas de los deberes, cuando ya tenía 8: “Si compro cuatro manzanas y cada una vale una peseta, ¿cuanto tengo que pagar? – ¿Multiplico o divido?”. Ella siempre le daba solo la solución y luego le decía; “Lo demás lo escribes tú”.
Recuerdos inolvidables que fluyen en mi memoria de modo feliz e irremediable.
Fuente: etf1949.wordpress.com