21 octubre 2018
– Ella estaba ahí, enganchada al cristal, llorando a moco tendido, desconsoladamente. El yacía, ahí, detrás del cristal, en su cajita de madera, mostrando una cara que nunca tuvo, estaba sonriente.
– Él fue un déspota recalcitrante con ella y con todos. Es de los que andaba delante de su mujer un metro y medio y ella detrás, como un perrito. Nunca los vimos cogidos de la mano. Ella era de las que la noche anterior, con sus rulos puestos, le preguntaba si mañana irían a ver a los niños y él era de los que contestaba eso tan elegante de “yoquecoñosé”.
- Ella estaba rendida, pañuelo en mano, frente a su urna y el maldito muerto dentro, pero estaba sonriente y nadie sabía por qué, solo ella.
– Era el hermano de Arturo, (el más viejo del equipo), y ahí estábamos todos.
– Yo, en voz alta, me preguntaba … Eso es amor, ¿verdad? y Leonor, (la siempre viuda), siempre atenta, me dice … No, Enrique, no, eso es la educación que nos dieron a las mujeres del ayer. Esta mujer mañana empezará a vivir, empezará a ser feliz, ya lo verás.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com