24 julio 2018/2012
Aunque nada tenga que ver aquí, quiero apear en este lugar un escrito que ha encendido las cariñosas iras de mi atractiva e intelectual amiga, Ana A.
“Algunas mujeres gritan histéricamente, otras, dominadas por un fuerte temblor, se arrojan al piso donde se revuelven sin parar. Otras mujeres han empezado a desnudarse en tanto lanzan gemidos de intenso e insatisfecho placer (todo, consecuencia de la pócima afrodisíaca suministrada por Sade). Pero no son ellas las únicas en sufrir esa extraña enfermedad colectiva. También los hombres van de aquí para allá, como perros rabiosos, gesticulando, gritando obscenidades y luego… Luego se suceden escenas del más crudo sexualismo. […] Una mujer casi completamente desnuda se asoma al balcón ofreciéndose a los hombres, otras siguen su ejemplo, una de ellas, más frenética que otras, se lanza de cabeza al vacío.
Guy de Massillon, El goce y la crueldad, 1966.9”
La cuestión estará, seguramente, en saber que mensaje se desprende de su lectura. Yo apuesto, conociendo la obra, por su cruda manera de describir los hechos, de la torpeza de los mal llamados sentimientos y la de una feliz manera de expresarse. Sade era capaz de gemir mejor y con mayor placer, pero hay quien puede y sabe hacerlo igual o mejor y no por ello se le echa a dormir en cal viva. No obstante, la opinión que no me podría esperar, en modo alguno, es la de mi amigo Antoine: “Enrique, cada ves estás peor, quien conyo puede leer cosas así” – Ya veis, así son mis amigos y así son las tertulias de una mañana de verano en un lugar cualquiera del Mediterráneo.
Fuente: etfreixes.blogspot.com