VALENTINA O EL CLAMOR DE LAS NIÑAS POR LA SUSPENSION INMEDIATA DE LA VPH

 
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Valentina es una niña de trece años oriunda de la ciudad de Medellín, su vida transcurría normal hasta que los efectos adversos de la vacuna del papiloma humano tocaron las puertas de su ser. Hoy se encuentra postrada y en una silla de ruedas, abandonada del sistema de salud colombiano pero rodeada del cariño y afecto de su madre y sus seres queridos. Ya es ampliamente conocida en Colombia y en muchas regiones del mundo por su valiente denuncia sobre los efectos de una vacuna que ha generado muerte, enfermedades y desolación en muchos hogares, lastimosamente ella es ahora la victima de la falta de ética médica y científica, de las grandes transnacionales que comercian con la salud y de los diferentes gobiernos que se alían con los mercenarios de las multinacionales farmacéuticas.



A su corta edad Valentina se ha enfrentado con inteligencia y valor a médicos que repiten maquinalmente lo que les dictan algunos científicos contratados por esa mafia farmacéutica sin que sientan el dolor profundo y lacerante de unas niñas a las que se acusa insistentemente de locas y manipuladoras. Salen entonces esos médicos y esos ministros a decir que es simple psicogénia, histeria colectiva, crisis generada por su propia mente y se les trata y formula medicamentos psiquiátricos o se las encierra en centros de tal naturaleza. También nos cuenta en su testimonio la frialdad de médicos y enfermeras que sin comprender ni entender lo que realmente les ocurre a estas niñas las tratan de tal manera que les generan culpa donde solo existe dolor; muchas niñas caen en la depresión y muchas piensan en el suicidio como única manera de cesar su dolor y el de sus familias.

Y en casi todos los rincones del mundo donde se repite esta tragedia el tratamiento es similar. Los grandes medios de comunicación las ignoran, los ministros y sistemas de salud inducen a la población a creer que son niñas locas o sugestionadas y se las condena a un abandono entre los únicos que realmente ven y entienden lo que está ocurriendo, pero, por lo general, son niñas de estratos bajos que no tienen influencia en los medios ni recursos para contratar abogados que hagan respetar sus derechos.

Durante mucho tiempo hemos solicitado la moratoria en la aplicación de esta vacuna en Colombia, hemos insistido en un debate médico y científico sobre la vacuna del papiloma humano y sus efectos adversos sin que repuesta alguna se deje escuchar. Ya son famosas igualmente en nuestro país más de setecientas niñas del Carmen de Bolívar que después de ser vacunadas contra el papiloma humano sufrieron reacciones adversas que las condenaron a graves secuelas en su salud. Para el gobierno nada ocurre, para el ministro es cuestión de niñas sugestionadas, para el sistema de salud no es nada grave y para la opinión publica colombiana esas niñas no existen. En un foro científico se le formulan preguntas concretas acerca del caso de las niñas del Carmen de Bolívar y la supuesta “enfermedad psicógena masiva” que diagnosticó el Instituto Nacional de Salud, (INS) al Dr. Shoenfeld, su respuesta fue contundente y dejó a más de uno con la boca abierta, expresó que los ratones a los que él les había aplicado la vacuna tuvieron los mismos síntomas que las niñas afectadas sin que los ratones se hubieran sugestionados los unos a los otros".

El clamor de Valentina no puede caer en el vacío, debe ser motivo de discusiones científicas sobre los efectos adversos de esta vacuna, obligar a un replanteamiento ético y profesional de los médicos y empleados de la salud, la revisión del cumplimiento de los derechos de los niños y obligar al Estado a que todas las niñas que presenten estén síntomas sean incluidas en tratamientos médicos serios y claros. Pero por encima de todo ello al inicio de un exhaustivo y profundo estudio sobre los efectos adversos de esta vacuna en cientos de niñas en el territorio nacional.

Ni Valentina ni todas estas niñas están locas, sufren la misma sintomatología de niñas en muchas partes del mundo. No son meras coincidencias sino causalidades que tienen idéntico origen: la aplicación de una vacuna que en muchas partes del planeta ya ha sido censurada y vetada. No es posible que sigan envenenando así a nuestras niñas, matándolas silenciosamente ante el simple clamor de sus voces infantiles silenciadas por el oprobioso sistema del mercantilismo farmacéutico. Estamos con Valentina y con todas estas niñas, con sus familias, con su dolor y soledad, con esa falta de solidaridad de un pueblo que solo grita cuando el Estado mueve los hilos de su voluntad. La voz de Valentina es ese clamor que debe obligarnos a pensar y reflexionar sobre políticas públicas de salud y protección a la vida infantil. No podemos ni debemos permitir más impunidad, si los grandes medios callan ante este clamor infantil, la sociedad colombiana debe iniciar un gran movimiento de protesta general. Animo Valentina y muchas gracias por tus palabras, por tu valor y esperanza en tu porvenir, espero que en un futuro no muy lejano seas la médica que deseas y que puedas decirle a tus colegas que lean, que investiguen, que tengan ética y profesionalismo y que no repitan maquinalmente los dictámenes errados de unas multinacionales farmacéuticas que juegan con el dolor y la tristeza de unas niñas. Sabemos que no estás loca, que los locos somos el resto de colombianos que no queremos ver esta triste y lamentable realidad, pero que con tus palabras estás abriendo el sendero que más tarde recorrerán los sabios.

PABLO EMILIOMOBANDO ACOSTA
peobando@gmail.com
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