¿Así se respetan los derechos de los niños en Colombia?

 
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En una pasada columna de opinión expresaba mi indignación por la deplorable situación de cerca de doscientos niños de estrato uno y dos de la I.E.M. Artemio Mendoza, sede Carlos Pizarro, ubicada en la comuna 10 de la ciudad de San Juan de Pasto. En ella hablaba sobre sus precarias condiciones económicas, su triste y habitual situación social y familiar e imploraba solidaridad para ellos y su escuela. En vano he esperado el pronunciamiento de algún líder gremial, cívico, sindical o la expresión de algún funcionario local y regional. Nada, silencio absoluto, mientras se gastan millones de pesos en marchas que buscan reivindicar los derechos de los niños colombianos, puro pantallazo que seguramente dejará pingues ganancias electorales o políticas.



Pues bien, mientras en las principales ciudades de Colombia se sacan a los niños a marchar en defensa de sus derechos, en muchas instituciones educativas, debido al precario presupuesto estatal, padecen los rigores del abandono y la desidia gubernamental.

Me ha impactado ver a los niños de esta institución educativa jugando en su pequeño patio escolar en una especie de “resbaladero” improvisado en un canal de agua lluvia de escaso metro y medio. Duele el alma verlos de esa manera, abandonados del estado colombiano, de sus dirigentes, de sus administradores, de sus líderes que promulgan equidad y justicia mientras ignoran lo que ocurre con niños como los que vemos desgarradoramente en este video. Niños que con su ternura e inocencia ignoran la triste y deplorable realidad que les ha tocado vivir. Niños pobres de los que nadie se ocupa, salvo sus maestros que claman al viento y reciben promesas falsas de gestores cívicos que únicamente llegan cuando se aproxima la época electoral-

Me indigna más por cuanto envíe dicha columna a muchos dirigentes en espera de una respuesta. Nada, absolutamente nada, un espantoso silencio que me duele y me embarga. No sé en qué Colombia viven o que llevan en sus entrañas que no los conmueve ni siquiera la tristeza de nuestros niños.

Pero también he visto el valor y el empuje de unos maestros entregados a la causa de educar en medio de tanto abandono, maestros que en un heroísmo silencioso se consagran a sus niños y se entregan a su comunidad de pobres. Maestros que impiden el desmoronamiento de una comunidad con su sola presencia, su altruismo y vocación.

No sé si mirarán este video o si al verlo sentirán un leve dolor de patria. Niños que en su recreo escolar juegan inocentemente en un canal de aguas lluvias, que no tienen otra alternativa lúdica o recreativa, que ríen cuando deberían llorar y que aman cuando tendrían que odiar. Niños inocentes que nos permiten entender que la grandeza no radica en el tener sino en el ser, niños que juegan quizá para olvidad sus otras miserias, las que viven en sus hogares por falta de pan y muchas veces afecto.

Los dejo con sus risas, con su inocencia, con su abandono ya que nadie los quiere mirar, ya que se los ignora en su condición de niños. Tal vez aparezca una mano salvadora y esa hará la diferencia entre el bien y el mal, entre su inocencia y la cordura existencial. No pierden la esperanza, la alimentan en cada recreo escolar, en cada sonrisa, en cada mirada y en todo silencio. Quizás estos niños sean gotas de lluvia que se resisten a abandonar la tierra, agua pura que corre libre por un pequeño canal, nubes de sonrisas que suben y bajan en un misterio inexplicable que nos permite entender en toda su bondad y crudeza la gracia de ser niño y no tener un juguete que les permita soñar… nubes de niños que juegan mientras la lluvia no ocupe el corazón tímido y medroso de estos pequeños.

peobando@gmail.com
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