08 diciembre 2017
Argumento de la ópera “La urraca ladrona”
Bolero School - Escuela Bolera by Ethnography Without Words / 745d // keep unread // hide
“En una población cerca de Paris, Había un rico colono, llamado Fabricio Vingardito, el cual tenía un hijo en el ejército de Francia. En casa de dicho colono vivía una muchacha en clase de sirvienta a quien apreciaba mucho Fabricio por su bondadoso carácter; si bien era poco querida de su dueña Lucía, mujer algo arisca y regañona, que solo se mostraba algún tanto complaciente con una urraca a la que pronto tenía enjaulada, como dejaba volar a sus anchas.
El hijo de Fabricio, llamado Juanito, antes de marchar al ejército se había enamorado de la mencionada muchacha, a quien daban el nombre de Nineta; y esta correspondía al amor del joven con verdadero afecto, sin que la larga ausencia hubiese podido amortiguar la llama de entrambos corazones.
Se recibió por fin la noticia de que Juanito tenía ya su licencia absoluta y que se iba a poner en camino para regresar a su casa. Indecible fue la alegría de toda la familia al recibir tan deseada nueva, y mas que cualquier otro se alegró el corazón de Nineta, por haber sabido que también dentro de poco podría abrazar a su padre que servía igualmente en el ejército.
Llega Juanito entre las aclamaciones de los habitantes de la población y es recibido con el mayor alborozo por toda la familia. Después de haber cumplido con los deberes de hijo, corre a abrazar a su amada que le recibe con la grata emoción de una alma amante, cándida y sensible.
Parecía que nada podía oponerse a la felicidad de los dos amantes; pero, ¡oh vicisitud de la vida humana!. El día en que Nineta creía disfrutar de la mayor felicidad, fue para ella el mas borrascoso que pueda sobrevenir a un mortal. El principal origen de su desgracia fue haberse llevado una cuchara de plata la urraca: a eso se añadió el enojo del alcalde de la población, por no haber podido lograr el infame deseo a que le condujera una vergonzosa pasión; y para colmo de inaudito infortunio, el honrado y valiente Fernando, padre de Nineta, tuvo que desertar del regimiento por haberse batido contra su jefe a causa de haberle negado el permiso para ir a abrazar a su hija.
El pobre Fernando se presenta pues a Nineta cual criminal y, encontrándose sin un maravedí, entrega a su hija un cubierto de plata para que lo venda, encargándole que ponga el dinero en la concavidad de un castaño que había fuera de la población.
Con el mayor sentimiento obedeció Nineta, pero cuando iba a llevar el dinero al castaño, su dueña le prohíbe salir de casa. Al momento se puso Lucía a contar los cubiertos y como hallase a faltar una cuchara se enfureció en gran manera, recordando que pocos días antes también había faltado un tenedor; y puso el grito en el cielo.
En aquella ocasión se encontraba presente el alcalde, el cual aprovechó el momento para vengarse de los desdenes de Nineta, e inmediatamente quiso que se instruyese una sumaria. Siguió pues el interrogatorio, en el que se manifestó que Nineta había vendido un cubierto de plata con las iniciales F. V. Que tanto podían equivaler a Fabricio Vingardito como a Fernando Villabella.
Como el alcalde creyó ver abierto el camino a su intento, providenció que Nineta era rea convicta y la mandó encerrar en la cárcel. Juanito tenía una íntima convicción de la inocencia de Nineta y fue a hablarla creyendo que la decidiría a disculparse; pero todas sus razones fueron inútiles. Porque al cariño de amante supo anteponer su corazón el amor filial. Con siniestro fin fue a visitarla el alcalde, y como hubiese visto que ni sus halagos ni sus amenazas habían podido nada contra la virtud de Nineta, la hizo presentar ante el tribunal superior que la sentenció a la pena capital. Apenas se había intimado la sentencia a la supuesta rea, cuando compareció desaladamente Fernando y una tierna al par que horrorífica escena entre padre e hija hizo derramar copiosas lágrimas a todos los circundantes: hasta el alcalde probó en aquel lance, que cuando todo calla, habla la voz de la conciencia.
Era ya conducida al suplicio la infeliz Nineta, se hallaba ya cerca del cadalso, cuando un criado de Fabricio, llamado Felipito, observa que la urraca coge una moneda y que se la lleva a la torre de la iglesia. Precisamente sube allá Felipito, y con gritos, con tocar a rebato, logra que acuda la gente del pueblo. Casi sin poder resollar declara que el cubierto ha aparecido; que la urraca es la ladrona; y que Nineta es inocente.
Una orden del tribunal pone en libertad a Nineta: al mismo tiempo su padre ha recibido el indulto; y los padres de Juanito hacen que su hijo de la mano de esposo a la amable y virtuosa Nineta, la cual tras largos sinsabores llega por fin al colmo de su anhelada felicidad.”
Fuente: Programa de la representación de la opera en el Teatro de la Santa Cruz de Barcelona en 1819.
Fuente: etarrago.tumblr.com