Los padres no cuidan peor de los hijos, es que las madres quieren que lo hagan como ellas

 
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María Calvo, profesora titular en la Universidad Carlos III y autora de «Padres destronados» (Editorial Toromítico), tiene claro que la figura paterna es esencial para el correcto desarrollo del niño, aunque lamenta que la sociedad actual la ha desacreditado.

Los padres no cuidan peor de los hijos, es que las madres quieren que lo hagan como ellas

¿Cuáles son las principales diferencias entre el padre y la madre ante la crianza de un hijo?

La presencia de la madre es esencial en su papel de darle cariño, protegerle, cuidarle, educarle... pero al mismo nivel que el padre. Lo que ocurre es que el padre y la madre se dirigen a los hijos de manera distinta por su propia educación, cultura, valores, etc. La mujer es la que, por excelencia, se encarga de controlar el espacio vital del pequeño, su comida, sus amistades, que no le falte nada cuando va al colegio... Las madres tendemos a tener una actitud sustitutiva. Es decir, cuando a un hijo se le cae un tenedor, la madre se lo recoge, pero el padre no. Cuando un niño llega tarde a la ruta del colegio por la mañana, la madre le abrocha los botones del polo y le ayuda a ponerse las zapatillas, aunque el niño tenga diez años. El padre le anima: «venga, date prisa en abrocharte el abrigo». El hombre, en definitiva, se decanta por dotarles de mayor autonomía y libertad. De esta forma se fomenta un equilibrio en el desarrollo del niño.


¿Se demuestra que la figura del padre es imprescindible?

Sí, para el correcto desarrollo psíquico del niño. En ausencia, física y psíquica del padre, la relación madre-hijo funciona como un universo cerrado, una relación de pareja que se repliega sobre sí misma y perjudica el equilibrio de ambos. Ante estas circunstancias, el padre no juega su papel de separador que es el que, precisamente, permite al niño diferenciarse de la madre y se produce una insana mutua interdependencia madre-hijo. Las mujeres por naturaleza son más proteccionistas, mientras el padre respeta más la libertad y se encarga de cortar el cordón umbilical con la madre, lo que beneficia mucho al niño, y también a la madre a la que la dota de mayor libertad.


¿Son, en ocasiones, las mujeres muy celosas de la maternidad y no permiten que el padre se desarrolle como tal?

Efectivamente. Hay madres que renuncian a trabajar por la tarde, a ir al gimnasio, quedar un día con amigas porque piensan que sus maridos no saben cuidar bien de los hijos. Que no lo harán bien. Sin embargo, sí que saben hacerlo, la cuestión es que no lo hacen como ellas quieren, sino desde su enfoque masculino, con su propio estilo paternal. Las mujeres a veces somos demasiado exigentes y este modelo de madre dominante perjudica al niño porque le desequilibra en su desarrollo.

Hay matrimonios en que la mujer exige al padre que se comporte como una «madre bis». No es lo correcto. Lo que hacen los padres no es que esté mal, es que no lo hacen a la manera femenina. Nosotras somos las que en ocasiones les ponemos los límites.

Algunos padres no son valorados y son criticados y considerados estorbos en la educación de sus hijos por sus propias mujeres, por lo que finalmente optan por apartarse y dejar esta competencia en manos de sus mujeres. Sin embargo, la defensa de la maternidad es también la defensa de la paternidad.

Fuente: www.abc.es
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