La Tumba perdida de Cervantes
por Roberto Ramírez Rodríguez
Un grupo de técnicos modernos, capaces de encontrar una aguja en un pajar, con instrumentos sensibles de georradares y cámaras termográficas, mismos que se utilizaron en Egipto para localizar la tumba del faraón Ramses II, buscan afanosamente en Madrid, España, la tumba de Miguel de Cervantes Saavedra, autor de la obra cumbre de la literatura española: El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha.
Se sabe que, en cumplimiento de su deseo, el soldado, poeta, dramaturgo y novelista, fue enterrado en la Iglesia conventual de las Trinitarias, ubicada a sólo unos metros de la casa donde murió, en el ahora denominado Barrio de las Letras de Madrid.
Cervantes, dejó de existir el 22 de abril de 1616, a los 69 años; edad avanzada para esa época. El hecho de que la Iglesia sufriera varias remodelaciones durante todos estos siglos, provocaron que su tumba se perdiera entre otras tumbas en el mismo templo. Hoy día, nadie sabe donde se encuentra su tumba.
José Manuel Lucía, Coordinador Académico del Centro de Estudios Cervantinos, apuntó lo siguiente:
“Es muy sorprendente porque los días antes de morir él –Cervantes- estaba terminando el prólogo de Persiles”. “Con dolores de muerte, lo único que pensaba era terminar el prólogo de la obra porque ésta era la que le iba a dar fama y vivir”. Desdeñaba al Quijote porque, para él, era una novela secundaria.
Una crónica de aquellos tiempos anota: “su cadáver fue amortajado con el sayal de San Francisco y en su diestra se colocó una sencilla cruz de madera. Cuatro hermanos de la Orden Tercera lo llevaron a la Iglesia de las monjas trinitarias, donde al día siguiente recibió cristiana sepultura”. Esa Orden fue quien lo rescató de su cautiverio en la cárcel de Argel durante su etapa de soldado.
Hasta ahí, dar con los restos del autor hubiera sido fácil; sin embargo, con las remodelaciones que ha sufrido el convento a partir de 1639 y los deseos de levantar una nueva iglesia con una orientación diferente y un nuevo claustro, los huesos de Cervantes se perdieron o están revueltos con otros. Algunos historiadores aseguran que sus restos están en las Trinitarias pero no saben donde están o, de plano, otros aseguran que se perdieron.
Por otro lado, los técnicos y los responsables de ésta búsqueda histórica tienen en su poder los datos físicos de Cervantes antes de morir: no tenía dientes; padecía de una desviación en la columna vertebral y una lesión en la mano izquierda, por la que lo llamaban “el manco de Lepanto”. Además, aseguran, que los huesos del pecho tenían lesiones producidas por disparos de arcabuz.
Han pasado casi cuatro siglos desde que al cadáver amortajado de Cervantes, con una tela de lona burda a la usanza de San Francisco y en su diestra una cruz, le dieran cristiana sepultura. Hoy día, con la voluntad de las instituciones culturales y medios técnicos sofisticados, rastrean el subsuelo, rebuscan en las criptas y han diseñado un mapa tridimensional del templo donde están indicadas las cavidades secretas donde puede ser que esté descansando los restos del genio de las letras españolas.
Es posible que en pocos días se despeje la incógnita de si los huesos del escritor siguen en la iglesia donde pidió ser enterrado o de plano desechar este lugar. Tendrán que darse prisa. De lo contrario, si no fuera así, en estos nuevos tiempos que ya no son los mismos de antes, de incremento de incertidumbre, falsedades y calamidades, llegará la especulación y los pensamientos se irán lejos: en los tiempos de ayer, como los de hoy día, tanto amigos cercanos como familiares o algún amor perdido, acostumbran pasear los polvos de huesos o cenizas de los muertos por todo el mundo; es decir, han viajado más de muertos que de vivos. Luego entonces, viajando Cervantes pudo haberse quedado olvidado o perdido en algún lugar preferido de nuestro cambiante planeta.
Fuente: www.noticanarias.com