Tener sexo luego de un infarto es un gran ejercicio para el corazón

 
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No sólo la psicología y la sexología se ocupan del sexo. La ciencia y la medicina también arrojan nueva luz sobre una de las actividades humanas más importantes, complejas, placenteras, y con mayores implicaciones en la vida de las personas y sus relaciones sociales, como demuestran las últimas investigaciones.

Tener sexo luego de un infarto es un gran ejercicio para el corazón


Viene desde hace miles de años

Ya se conocía que los antecesores de los seres humanos modernos y los neandertales mantuvieron relaciones sexuales. Ahora acaba de descubrirse que el cruce entre esas dos especies inteligentes favoreció nuestra evolución y nos hizo más fuertes.


El sexo con los neandertales y otros parientes cercanos, el homínido de Denisova, introdujeron en el genoma humano moderno unas variantes de los genes HLA, que reforzaron nuestro sistema inmunológico en su lucha contra los agentes patógenos.

El estudio del genoma de los neandertales, que desaparecieron hace alrededor de 30,000 años, ha revelado que entre un 2 y un 4 por ciento del ADN de este grupo está presente en el código genético de cualquiera de los homo sapiens, es decir nosotros.


Cerebro y orgasmos.


El placer que experimenta la mujer activa diferentes partes de su cerebro, por lo que disfruta de distinta manera dependiendo de si se estimula el clítoris, el cérvix o la vagina, de acuerdo a un trabajo de científicos de la Universidad de Rutgers (EU) que han fotografiado, mediante resonancia magnética, las reacciones cerebrales que ocurren durante la excitación femenina.


Según este trabajo, las primeras caricias encienden una zona del córtex sensorial y rápidamente las señales se extienden al área límbica, vinculada a las emociones, el comportamiento y la memoria a largo plazo. El cerebelo y el córtex frontal se activan en los segundos previos al orgasmo, y casi todo el cerebro se vuelve muy activo cuando se alcanza el máximo placer.

Se ha comprobado que durante el orgasmo femenino, normalmente, se desactiva el hemisferio izquierdo del cerebro y se activa el derecho.

Según Holstege, muchas mujeres no son capaces de alcanzar el clímax porque durante el acto sexual no pueden desactivar del todo su hemisferio cerebral izquierdo, que es el encargado de procesar la información de forma lógica y analítica, lo que conlleva que no se “liberen” del todo del “obstáculo” de sus pensamientos.


El hombre y sus pensamientos sobre el sexo.


Aseguran que el hombre promedio piensa en el sexo unas 19 veces al día, mientras que la mujer tiene una media de diez pensamientos sexuales a lo largo de una jornada: casi la mitad.

El trabajo muestra que las personas que piensan mucho en el sexo, en general se sienten satisfechas con su propia sexualidad.


Según los autores la “obsesión” masculina por el sexo obedece a que el cerebro del varón piensa en las necesidades físicas y funciones biológicas, como mantener relaciones sexuales, comer y dormir, con mucha más frecuencia que el de la mujer.


Sexo y violencia.


Han descubierto que la misma mecha que enciende una agresión puede desencadenar la actividad sexual, ofreciendo una explicación biológica al hecho de que conductas en teoría tan opuestas como amar y agredir, puedan resultar a veces tan cercanas.


Se ha mostrado que las neuronas implicadas en la agresión ofensiva se localizan en el hipotálamo ventromedial y se entremezclan con neuronas importantes para el apareamiento; dichas neuronas se activan durante un ataque y se inhiben durante la cópula.

Aunque el estudio se ha efectuado con ratones de laboratorio, los expertos creen que ayudará a explicar la relación entre sexo y violencia, sumamente presente en el comportamiento humano.


Tras un infarto.


Después de entre dos semanas y un mes, la mayoría de los pacientes que han sufrido un infarto agudo de miocardio deberían reanudar su actividad sexual, poco a poco, hasta alcanzar el nivel que mantenían antes del episodio cardiovascular, según una nueva investigación de cardiólogos españoles.

Según el doctor José María Maroto, del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, el sexo es recomendable para el corazón, por los beneficios del ejercicio físico que demanda y por su efecto para la recuperación de la autoestima y la vida normal.

Se considera que una relación sexual, incluido el orgasmo y las fases pre y pos-orgásmica, equivale a desarrollar una actividad física entre moderada y liviana, como por ejemplo caminar aproximadamente un kilómetro y medio en quince minutos.


¿Y el estrés?


Cuando una jornada ha sido estresante aumentan las posibilidades de que la pareja mantenga relaciones sexuales esa noche.

Se ha demostrado que el vínculo entre el sexo y el estrés se produce en ambas direcciones, ya que la actividad sexual en un día concreto antecede a la relajación del día posterior, y a la inversa, el nerviosismo cotidiano nos hace más proclives a mantener relaciones íntimas.


Es más probable que el sexo tenga un efecto calmante en el varón, menos inclinado a tener sentimientos negativos originados por sus relaciones, que en la mujer, para la cual el acto físico es mucho más complejo.

En todo caso –según los investigadores- el coito es un acto físico, maravillosamente perfeccionado por la evolución, que libera hormonas y neuropéptidos que producen bienestar, como la dopamina, así como sentimientos de unión, como la oxitocina.
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