UNO, VE PAJARITOS ; EL OTRO, ÁNGELES POR FAVOR, DESHÁGANSE DE ESE PAYASO,

 
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SORDOMUDO

   UNO, VE PAJARITOS ; EL OTRO, ÁNGELES     POR FAVOR,    DESHÁGANSE DE ESE PAYASO,

Un escándalo. Aquel hombrezote al lado de Obama en el funeral de Mandela “traduciendo”, mediante señas inventadas por su lenguaje de sordomudos particular, lo que el presidente presuntamente decía.

Solo que mientras Obama criticaba a los mandatarios hipócritas que lloraban a Mandela pero en cuyos países había presos políticos, Thmsanga Jantije –que es como se llama el sujeto en cuestión– reproducía lo que le daba la gana.

Es decir, o no escuchaba bien o no tenía los conocimientos suficientes para interpretar correctamente lo que escuchaba.

Un escándalo en vivo y directo porque los profesionales del asunto comenzaron inmediatamente a notar su incapacidad y comenzaron la guerra por Twitter:

“¡Por favor, desháganse de ese payaso!”, escribió Bruno Druchen, director de la Federación de Sordos, mientras Francois Deysel clamaba: “Que se baje del escenario. Nos está avergonzando”. “Solo hizo gestos absurdos”, declaró el presidente de la Federación Mundial de Sordos, a lo que Nicole Du Toit, intérprete oficial al lenguaje de signos, agregó: “Era horrible. Un circo malo, muy malo”.

“No tenía ninguna gramática, no utilizaba ninguna estructura, no conocía ninguna regla de la lengua”, dijo Delphin Hlungwane, de la Federación de Sordos de Suráfrica.

Para colmo, cuando el impostor finalmente dio la cara, fue para excusarse diciendo: “Ese día vi ángeles que descendían sobre el estadio”.

Y finalmente, vaya casualidad, los directivos de la empresa que ofreció los servicios del estafador desaparecieron sin dejar rastro.

EN VENEZUELA

Y aquí es cuando la comparación se nos pone bombita, porque el percance ocurrió poco después de las elecciones regionales, cuando Nicolás Maduro se me pareció igualito al “intérprete” surafricano: no supo dónde estaba parado, no escuchó lo que la gente le dijo en cada región, tradujo como mejor le convenía lo que se negaba a escuchar, impuso a sus batequebraos en las alcaldías donde perdió y reprodujo el mismo incomprensible lenguaje de señas violentas que utilizó su antecesor, nada menos que el ejecutor del apartheid criollo más despiadado que hayamos conocido en la historia patria contemporánea.

Sin contar con que, como el impostor, Maduro también se la pasa viendo pajaritos preñados.

“Que sí, que ganamos en Miranda”, gesticula a diario en cada cadena, mientras el orador de orden –nada menos que el CNE– le da rewind a sus propias cifras para complacer al intérprete.

“Que si casi ganamos en Barinas, casi ganamos en Maracaibo, casi ganamos en Valencia”, como obliga a escuchar a diario a los estupefactos votantes que hicieron su colota y decidieron por Carlos Ocariz, por mencionar un impelable.

Pero allí está el intérprete pirata convenciéndose a sí mismo de lo contrario, inventándoles un cargo a los malos perdedores de Villeguitas y el Potro Álvarez para que sus deseos se conviertan en realidad, cuando, a la hora de la chiquita, Villeguitas y Álvarez y Pérez Pirela se deberían despedir de la política –o al menos retirarse a reflexionar– , porque en las urnas les dijeron: “Váyanse, váyanse, que este pueblo no los quiere”, como dicen que dijo el señor aquel a quien tanto admiran.

Pero el asunto es que esta gente entiende la política como una chamba, un sueldo, un celular pagado por otros, un bojote de guardaespaldas “gratis” y el sentirse famosillos a punta de aparecer en televisoras sin rating.

Claro, el estafador surafricano al menos tiene la excusa de que sufre de esquizofrenia.

Maduro ni siquiera eso. Lo patético es que sus más recientes señas, escenificadas en cadena para alterar la realidad, parecieran elaboradas para entenderse con el espejo.
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