Con esta temporada de lluvias tan intensa que estamos viviendo, nos hicimos hace no mucho un par de preguntas, y otras derivadas. De todas, la primera fue ¿En los monasterios habría, o habrá aún hoy, goteras?, y, si las hay, o hubo ¿Cómo reaccionarían los/las monjes/monjas?
Es indudable que si son fieles a sus votos (de los del pasado no tenemos ninguna duda; de MUCHOS de los de ahora creo que todos sabemos lo incómodos que se deben sentir) aceptan resignadamente la prueba que Él les pone.
Pero hubo otras preguntaron que surgieron con ello.
1) ¿Cómo hablar con Dios? ¿Cómo estar seguros de que Él nos escucha? Es innegable que el diálogo, en privado (oración), en la quietud, en el silencio del retiro —algo que al Lucifer ese del Vaticano y a sus lacayos no les gusta— es IGUAL a la meditación o cuestionamiento o reflexión, "es un diálogo en él que sólo encontramos la respuesta de Él si aceptamos la verdad, si El nos la pone enfrente y nos negamos a aceptarla ¿Es su culpa?..."
2) ¿Cómo, entonces, responde Dios? Queda claro que Dios habla con la verdad, ¿no?, pero, y aquí entramos en abierto choque con nosotros mismos, así: Si somos egoístas QUEREMOS QUE DIOS NOS DIGA QUE SÍ a lo que nosotros queremos... SIENDO QUE SON MENTIRAS.
Marginalmente obtuvimos otras respuestas en otros campos, corroborados por un par de hechos que salieron a la luz en la tv.
A) "Nos dijeron que se habían ido al abismo porque los cerró una motocicleta"
¡No! ¡Eso es totalmente falso! !Nos fuimos al abismo porque la bancada se hundió bajo las ruedas del transporte!
B) "Su casa se derrumbó por culpa de una construcción vecina, ¿no?"
¡Falso! ¡Nuestra casa se derrumbó porque la montaña se deslizó encima de ella!
NOTA: La gente ya se está dando cuenta que le están metiendo "respuestas" a la brava.
Buenas noches.
Lunes 20 de noviembre de 2017.
PD: ¿Quién, y qué, gana con la manipulación de las desgracias de los demás?, se pregunta uno.