16 octubre 2017
– Iban cogidos de la mano, reían, alborotaban.
– Detrás unas jóvenes madres acababan cualquier gracia que el grupo de alborotadores iba creando.
– Delante de todos ellos iba un monitor, un joven muchacho treintañero, que les iba lanzando sugerencias, movimientos gimnásticos y algún cántico de viejas y conocidas canciones dedicadas al mundo infantil.
– Más atrás, una mujer muy mayor, andando con dificultad, sollozaba al consuelo de una joven madre que la cogía del brazo intentando consolarla.
– Yo, maravillado, observaba el bullicio infantil, el acompañamiento materno de esas jóvenes chicas del buen hacer maternal del NO TE RINDAS, y la desconsolada tristeza de la abuela.
– Observaba lo felices que podemos ser, simplemente, agradeciendo a la vida lo que tenemos, lo que podemos hacer para no rendirnos nunca y … lo solidario que puede ser sentirme como uno de ellos … y sin saber muy bien por qué me fui hacia la más tardía mujer de esa bella expedición y le dije: ¿Usted me permite?
– La mujer me miró con cara de sorpresa al igual que la joven que la tenía cogida por el brazo y entonces, como si una extraña razón nos uniera, proseguí en mi intento y cuando iba yo a decir algo … no pude, pero me acerqué aún mas y le di un fuerte abrazo … a las dos.
– La vida es la que se nos da y como se nos da … saberla aprovechar es cosa nuestra y sólo nuestra.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com