0 octubre 2017
– Ella, respiraba plácidamente, suspiraba … ¿Lo oyes? – le dijo.
– Él, sin inmutarse, contestó: ¿A quién?
– Al silencio … Dijo Ella.
– Él no contestó, respiró profundamente, a la vez que le apretaba la mano y comenzó a recordar aquel bello momento en que ambos tumbados en la arena, observando el cielo de su amanecer, Ella le hizo la misma pregunta.
– Eran las seis de la mañana de un bello y nuevo día separado más de cincuenta años de aquel otro amanecer, y ambos no podían soltar sus manos mientras fijaban sus miradas en ese blanco techo de su habitación …
– Entonces Él le dijo a Ella … sí, yo también me acuerdo querida niña
– Ella se dio la vuelta y lo abrazó fuerte muy fuertemente y así quedaron durante largos minutos, que se hicieron horas, soñando, envueltos en la sábana de ese bello silencio de su amor eterno.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com