04 octubre 2017
– Ella educaba a sus hijos en la más pura esencia del amor recibido desde la cuna, en la única forma que la vida le enseñó a hacerlo..
– Él la adoraba, se dejaba llevar por Ella en la educación de sus hijos y en tantas y tantas cosas que Él admiraba de Ella y de su forma de hacer.
– Un día de un mes de octubre de hace ya casi cuarenta años, sentados frente al mar en uno de esos muchos lugares que ambos habían coinstruido como espacios de homenaje a su amor eterno, recordaban el ayer mientras esbozaban una sencilla y bella muesca facial de felicidad, ante tantas y tantas cosas felizmente vividas …
– Él le preguntó: Niña, te acuerdas cuando el dichoso profesor de ética del colegio y tutor de nuestro primer niño nos preguntó … “¿Y ustedes como han conseguido que su hijo sea así, tan cabal, tan formal, tan aplicado, tan interesado por todo … ?
– Ella, sintiéndose agasajada y con aspecto de pavo real en demostración de poderío, con todas sus bellas alas extendidas, le dijo: Claro, cariño … ¿Cómo no? ¿Y tú?
– Él sonrió y con cara de perrito de adorno de los coches de los 70, empezó a asentir y con cara de niño atrevido que intenta ligar con la bella niña de su clase, le contestó como a Ella le gustaba escucharlo: Sí, claro que me acuerdo, le dijiste con cierta y hasta soberbia, satisfacción de madre reconocida en su función más natural … “Mire, nosotros sólo nos hemos esforzado en hacerle conocer y educar sobre dos imprescindibles conceptos educativos antes de llegar a un tercero que debe ser el objetivo final de cualquier modelo educativo … la responsabilidad, el esfuerzo … y la libertad … y aún más importante, por ese orden”.
– Y Él, como un amante en plena acción de sus más vitales funciones, ante la inmensa cara de satisfacción de su bella y vieja amada, apoyo su cabeza en su pecho, como niño buscando corazón amado … y así estuvieron en su banco, frente al mar, absortos en su felicidad, en el recuerdo de su feliz vida vivida juntos … en paz, en silencio, oyendo el batir de las olas sobre la arena mediterránea … en un bello lugar, para un bello y viejo escenario de un amor que gusta de llamarse eterno.
– Historias que me gusta contarlas por así sentirlas, vivirlas … y amarlas.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com