.................................................. Fotografía de Helmut Newton
09 septiembre 2017
Ruido infernal y los graves distorsionando todo sentido musical al mismo, sonaban en el fondo de la noche que se estaba convirtiendo en dúctil y maleable como el plomo. Mi sordera va en aumento por lo que, digan lo que digan, seguiré creyendo que tendré que ir de visita a la Chica de Gaes para que me cuente como se consigue entender a la gente.
Tras una charla poco trasladable, el día, más bien la noche, se dio bien. El tema no dio grandes beneficios lectivos ni mundanos. Tono gris y charla aburrida. No estuve bien, creía, hasta que pasó lo que pasó en la poscharla.
Como un ángel caído del cielo la vi a ella, era un encanto de mujer, iba adornándose en el baile como si fuera la misma profesora de francés de cuarto bachiller del 63, pequeña pero hermosa, ella estaba allí acompañando a una chica de unos cuarenta con un aire feliz como siempre muestran esa alegre muchachada de los del mal de Down.
La chica, más bien las dos, se movían a un ritmo sin control, sin ninguna gracia aparente, pero la belleza estaba en el cariño que mostraba la pequeña, observada en silencio por su serio y tímido marido, la cual cogía por el brazo, en gesto cariñoso y de acompañamiento a la de del Down, mientras la hacía dar a ésta, vueltas y vueltas al ritmo de cualquier nota que le entonase el encargado del ruido musical.
Mundo feliz que hace que lo sea, gente como mi emuladora de la profe de Pigalle y también coyuntural y pequeña vecina de “tablao”.
Después del siempre oportuno y mecánico; “mehagustadomuchotucharla”, y con el “tu ya sabías que yo era parrandero” y el “umbaumba-musical” correspondiente y de fondo inevitable, alguien me contó, sin querer contármelo, algo sobre mi amigo Yuri. Me lo contaba con la cara vuelta como si fuera a venir la policía de los 50 a escucharnos.
Yuri es el carnicero gallego que anda por las reuniones de los viernes como un recién salido del quirófano y al que aún le duran los efectos de la anestesia. Resulta que a Yuri, me contaba la de la cara vuelta, se le murió su padre, creo que dijo el padre y no la madre, pero no estoy muy seguro, pero para el caso es lo mismo. Resulta que ha faltado siete semanas a las reuniones de los viernes, pues ha tenido que estar con los papeles de la herencia y todas esas cosas tan curiosas y desagradables que le toca hacer a todo aquél que se queda huérfano, y es hijo único, como es el caso de mi amigo Yuri.
El es alto, casi dos metros, delgado como LMQLP, y gran conversador, aunque pierde su verbo claridad, sentido y lucidez, a medida que va avanzando la noche. “Tú eres mi amigo porque tienes la mirada clara”, me dice una y otra vez parándose ante mi unas doscientas veces cada noche del viernes.
Parece un tío estupendo pero se mete con todo el mundo, aunque de buenas maneras, pero ya sabéis que no a todo el mundo le gustan esas confianzas y si son hembras minifalderas, y/o con sus transparencias y con pretensiones, ya ni hablemos. Cualquier día le dan un par de obleas, pero seguramente se libra por ser tan alto. Ya veremos.
Bueno, pues luego se me acercó Yuri y me echó el resto de la explicación; “Que si las vacas son para tio Fele, que si las tierras de Padrón para el primo Julián que está en Buenos Aires, que si el poco dinero que está en La Caixa que se lo quede mi hijo Yuri y a su hermana Chus que se quede al cuidado y merced de Yuri mientras viva y donde viva”.
Me recitó el acta sucesoria como si del mismo Notario actuante se tratara. Todo ello lo hizo sin mirarme a los ojos, como si estuviera leyendo en el infinito o en lo invisible, con voz grave y gesto serio. Sus ojos tan brillantes como siempre, como siempre los tiene a partir de las doce de la noche, pero entonces me pareció que se le desbordaban algunas lágrimas y se calló…
Más de pronto y para salir del vacío de conversación que se había producido, le dije: ¿Tu hermana? ¿Tienes una hermana?. De pronto Yuri reaccionó, se levantó, me cogió del brazo y me dijo, mientras me arrastraba por la sala; Si, tengo una hermana y se llama Chus, tiene 48 años y es esa que está ahí bailando con esa chica pequeñita que la tiene cogida por el brazo.
Entonces sin mediar palabra, le agarré por el cuello y no pude evitar darle un gran abrazo que duró muchísimo, duró hasta que el quiso. Yo no hubiese terminado nunca, esos momentos son los que te hacen adorar la vida y a la gente, a ese tipo de gente.
Fuente: etfreixes.blogspot.com.es