Ayer tuve una laboriosa tarde con mucho quehacer en el despacho, luna abierta sobre mi zenit, tarde de dolor muscular recordándome que ya no tengo edad de hacer el indio y que las noches son, fundamentalmente, para dormir.
- Pero, con todo, pude construir, leer, estudiar y hasta ver un documental sobre la vida de Miguel Hernández que me hizo recordar y mucho, que puede que esas cosas tan horribles que pasaron en una sociedad tan estúpida como la que inundaba las almas de los españolitos en los años 30, no vuelvan a pasar por las manos de los mismos que lo hicieron, puede, decía, que ya no pase porque no quede ninguno en pie de todos aquellos que cometieron tanta atrocidad y tanto atropello, pero el demonio sigue vivo, puede que solo haya cambiado de cuerpo y de lugar. El mundo no es malo, no me cabe ninguna duda, somos nosotros los que lo hacemos malo.
- No fue una cuestión de lados y/o obsesiones partidistas para cometerlas, era una cuestión de salud moral y anímica que corrompida por el desmán de unos y la imperatividad de otros les llevó a esa apocalipsis. Aquellos demonios siguen vivos en muchos de nosotros y lo hacen sin que ellos se den cuanta y de que mientras en una página lo denuncian en la otra están escribiendo su candidatura a hacer lo mismo, seguro que lo harían, solo hace falta oírles hablar.
- Por eso, y por muchas cosas más, he buscado refugio en sus palabras y en sus versos, esos que llenan nuestras vidas de esperanza, tan actual siempre, no me canso de leerte, Miguel, no me canso de repetirme una y otra vez, cuan estúpidos fueron aquellos congéneres que no te supieron apreciar en vida, no supieron hacerlo querido Miguel: "Es tu risa la espada más victoriosa, vencedor de las flores y las alondras. Rival del sol. Porvenir de mis huesos y de mi amor"
La cebolla es escarcha cerrada y pobre.
Escarcha de tus días y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha grande y redonda. Fuente: etfreixes.blogspot.com.es