6 agosto 2017
– Me decía esta madrugada un niñato rubio, caprichoso y bello como su misma madre, que allí estaba, sonriéndome cual diva del cielo desconocido …
– Oye, viejo ¿Puedes decirme por qué eres viejo?
– No siempre fui viejo, niño del pelo de oro
– ¿Entonces? – Me preguntó
– Una vez fui niño como tú lo eres ahora – le dije – pero ya no lo recuerdo y, además, creo que nunca lo fui, no tuve tiempo, ni forma de disfrutarlo como tú lo haces ahora, niño de oro.
– No te entiendo, viejo, no entiendo lo que me dices.
No hubo más conversación, la bellísima, joven, rubia y pijísima madre cogió al niño de la mano de una forma brusca y se alejó a paso forzado mientras le decía al niñito: “No hagas caso, Jonathan, los viejos solo dicen tonterías”.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com