Pedro, Adrianne, la Otra y la estupidez no tiene límites

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Pedro, Adrianne, la Otra y la estupidez no tiene límites

12 julio 2017

– Con la tertulia de la tarde llegó la vuelta a la hora de las lágrimas de siempre y digo de siempre porque ya llevo demasiado tiempo oyendo lo mismo a unos y a otros.

– Pedro ha vuelto de Marsella que es donde vive su primera mujer, sus dos hijos y sus cuatro nietos. Adrianne, se marchó a su Marsella natal en el 87 porque ya no aguantaba mas las infidelidades de Pedro. Recuerdo que ya entonces, Pedro que era un gran Jefe de Obra, era también el mas golfo de toda la quinta de amigos que por aquí yo empezaba a tener por entonces. Alicante siempre ha sido una ciudad golfa, lo sigue siendo, dicen algunos divorciados sesentones, pero entonces era una ciudad de lo mas curioso. Raro el médico o el Tendero que no tenía siempre a la otra puesta en un piso en La Albufereta, de hecho yo tuve la suerte o la desgracia de vender y construir muchas de ellas en esa época por la zona y me resultaba tan curioso como sorprendente y grotesco.

– Lo de tener la Otra era algo tan normal en la época de los 70 y 80 por aquí, como sigue siéndolo ahora para muchos sesentones y setentones que aún circulan por mi entorno. No me lo podía creer pero así era. El caso es que además, en algunos casos yo era amigo de los tres, de Él, de su Mujer y de la Otra. Pero mi sorpresa aún era y es, mayor cuando la Oficial mantiene en el olvido a La Otra y vive como si no fuera con ella: “Pero que quieres que haga, Enrique, a éste si le digo algo me deja en la estacada y sin un duro” – Eso decían y dicen.

– Hay gente que vive con las dos y eso, al parecer, es algo tan normal como inexplicable. Pero la Otra de Pedro, a la cual mantenía con los gastos de representación y comidas falsas que le sacaba a la empresa, un buen día se cabreó porque Pedro no le podía comprar un apartamento mas grande pues se había quedado embarazada y lo quería tener. Se armó el follón, se enteró Adrianne y lo dejó plantado, pero a su vez la otra, que acabó abortando, se fugó con un médico muy conocido de determinada especialidad que omito referir aquí por razones obvias.

– Hacía años, muchos años, que no le veía. Me marché a Canarias en el 85 durante unos años y le perdí la pista, luego lo vi un día en Valencia, en el 96, que vino a pasar una tarde conmigo y a contarme sus cosas a la vez que quería que lo colocara en alguna empresa de construcción de la zona. Entonces salía con un xiqueta de Picasent y, claro, más de lo mismo. Lo coloqué en una empresa amiga, le di dos consejos y veinte mil pelas para que saliese del apuro y hasta hoy.

– Ahora Pedro está prejubilado, sin un duro y haciendo chapús en casas de vecinos. Vive en El Campello y ya no le dejan ver a sus nietos porque les contaron que su abuelo murió de un accidente de obra. Adrianne como buena francesa lo lleva muy bien, vive con un acaudalado bancario de buena familia y es feliz y eso a Pedro le mata: “Enrique, los veo tan bien, tan juntos, se quieren y ella es muy feliz, qué pena, ahora me doy cuenta de lo mucho que perdí y que yo podría ser él” – La frase no es literal porque el verbo de Pedro es ya un poco gangoso por culpa de que su hígado, y su cerebro, está como el de un cantante de rock. A sus 69, vive con una joven chica de Bolivia que es un encanto, 39 años, y llevan en marcha una especie de convenio; Él la mantiene, cama y comida y ella le hace la casa, la compra, la comida y alguna cosa más que no me ha querido contar. Los tres coñacs con hielo, que siempre ha tomado, hoy, le han devuelto al pasado y a mi también, pero me ha llevado a un pasado del que ya empiezo a estar un poco harto, no, muy harto de tanta vida rota y de tanto estúpido que lo único que han sabido hacer en su vida es tirarla siempre por la borda y nunca, nunca, han atendido a los consejos de los demás.

– Dice mi voz querida que, muchas veces, cada cual tiene la vida que se ha buscado y que no sufra mas por ellos, si claro, eso es cierto, pero verlos así es algo que me da mucha pena, mucha rabia y algo más que tampoco sé lo que es. No sé, quizás el mensaje que siempre doy a quien me quiera escuchar, es que debe ir con mucho cuidado con las cosas de la fidelidad y de la vida en pareja, la tentación siempre vive cerca y un resbalón puede sacudirle el seso a cualquiera, pero si se pierde porque el amor se acaba, pues bien, pero si se acaba o se pierde por culpa de la propia estupidez, eso es de tontos, de muy tontos, de imbéciles, diría yo para mayor claridad.

Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com
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