9 julio 2017
Sabor a pueblo, a mar, sabor a aquello que cuesta encontrar en el camino de las razones perdidas. Nunca fui tan feliz con solo intuirlo. Son esas cosas que algún día, no se cuando, desaparecieron sin preguntarme nada de todo o de lo mucho que aun me quedaba por saber de ellas. Que pronto ha pasado casi todo, si, ver esa simbólica silla en donde se sentaba la abuela y que ahora se me ofrece como un privilegio, no deja de ser, tras unos emotivos segundos de reflexión, toda una novedad que debo asumir y que, posiblemente, acabaré aceptando con dignidad, resignación y respeto. Gracias hijos, gracias vida.
Feliz domingo.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com