................................................... Fotografía de Gregory Colbert
06 julio 2017
– Hace pocos días veía, mas bien veíamos, una película de esas de tv que dan los sábados y domingos por la tarde y que nunca parecen gran cosa, pero ese día se nos apareció una escena tremenda, mas bien dos, sin que, al menos la primera, la pudiéramos esperar. Ambas fueron de esas que ten dejan huella para siempre, vamos que nos impactó.
– Resulta que el malo, que luego resultó ser el bueno, tenía una enfermedad incurable y le dijeron que se iba a morir en breve, quizás seis meses o quizás tres años, pero no mas.
– El malo, al enterarse que se va a morir, se vuelve más malo que un alacrán en una sauna, y decide no afrontar la vida que le queda con la dignidad que siempre se reclama para el que tiene ese tipo de enfermedades, mientras ese sea otro.
– Pero resulta que el guionista, que habría hecho, en su día, un curso acelerado en aquel antiguo y lacrimógeno programa de Sorpresa-Sorpresa de la Gemio, decide que le comuniquen al malo, que luego será buenísimo, que va a tener un nieto y es entonces cuando se produce el milagro de la vida, el malo que ya no es malo, que ya es buenísimo, decide recuperar las ansias de vivir y lucha como se pide que lo hagan los que tienen esos males mortales de la muerte, y al grito de “quiero conocerlo, abrazarlo y jugar con él en los billares”, el ya buenísimo se lanza a la búsqueda de una solución urgente para que la vida le dure lo suficiente como para disfrutar del enano que va a nacer pronto, para luego mantenerla el máximo de tiempo posible.
– La escena en que el hombre toma esa decisión, la de luchar por la vida, y la de cuando muere con su nieto entre sus brazos en un blanquísimo hospital nos tuvo envueltos en dos grandes pañuelos y en un fuerte abrazo que nos dimos, fue uno más, pero este fue muy especial, de esos que se dan sin palabras. Hace unos años esa escena, las dos, me hubieran parecido una gilipollez, pero ahora no. Bueno ya está, ya os lo he contado. Solo era eso. Os dejo seguir con lo vuestro y, ah, no se os olvide lo que tan certeramente decía siempre la Matute:
“El que no inventa, no vive”
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com