6 junio 2017
Y me encontré a Manuel, me invitó a sentarme, pidió dos cafés, un Chinchón seco y …
“Cerca de cualquier imaginaria verdad queda el dolor, el peso de los años, el tropiezo diario con la estupidez humana y las muy poco escuchadas recomendaciones que cualquier empirista pueda dar. Toda esta escena que ante mí muestra la vida a cada minuto, hacen que la necesidad de que salga el sol se convierta en un inútil deseo para mi y para los que como yo no somos nada, no fuimos nada y nunca seremos recordados por criatura alguna tras nuestra muerte”.
Manuel es un veterano pintor, bailarín que fue de la zona golfa del viejo Madrid, toca la guitarra a las horas viejas, para deleite de las bellas sesentonas de sus amores, la armónica y hasta el violín … Manuel es todo un artista. Ahora escribe, recita en las noches poco obscenas del Ateneo y hasta escribe cartas de amor a una Rusa que conoció en algún oscuro lugar de no sé donde. Manuel es feliz predicando que no lo es, le encanta ser víctima, le gusta ser querido … y oído. Manuel quiere ser víctima y hasta cree que lo es, lo que no sabe es que es cierto … él lo es. Para mi, Manuel es un personaje más de esa necesaria y nostálgica página donde habitan unos olvidados seres que hicieron posible este hoy en el que vivimos. Dice Manuel, a quien le quiera escuchar, que murió el romanticismo, el amor al arte, a las noches de blanco satén, a las tormentas de verano, a esas largas tardes en casa de la tieta, a las tostadas de pan con ajo, a las cenas de arroz con leche … a las vidas con amor … amor por todo, pero también dice que quedan ellos, esos que son nuestros propios hijos que algún día serán así para sus, también, propios hijos …
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com