4 junio 2017
Una y otra vez me dije que debía apreciarlo, tocarlo, vivirlo. Todo lo que siempre soñé estaba ahí, dentro de mi. Intentaba creérmelo, me levanté, me acerqué a él, me agaché, cogí un puñado de arena mojada y la dejé escapar, liberándola como un rito que iba más allá del gesto; miré al sol y dejé que el viento me azotara la cara a la vez que sentía que se quemaba mi arrugada piel, no, no era un sueño. Me volví y vi como ella me miraba … sentada en su banco, sonreía en su dolor … me veía feliz … y yo a ella. Sí, pensé; eso es todo, todo lo que importa, lo demás, todo lo demás, puede esperar.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com