07 junio 2017
Lo más importante, quizás, de esos despertares sudorosos, armónicos e incontenibles, es que acabo, siempre, tocándome la cara, resbalo los dedos por mi pecho sudoroso y acabo levantándome bruscamente en busca de vida y, ¡¡Dios!!, sí, la hay, la tengo al lado.
Imagen: Juan Carlos Manjarrez [Pintura]
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com