Del latín charitas, del griego xaristikhé, bienhechor o generoso; persona que hace el bien, que ayuda, que tiende la mano o ayuda al necesitado (de cualquier tipo que, justamente, lo requiera).
El carisma, en la antigua Grecia, era una gracia (un don, un regalo divino: DE los dioses), que provenía de Dios; un bien dado por Dios a nuestra personalidad para ser agradables a los demás mortales; dignos de (recibir) agradecimientos de los demás, seres humanos o no, que sintieron o sienten que hay algo en nosotros que es una bendición para ellos, que es una bondad (real), un bien dado por este medio a SU existencia.
/Pero recordemos que ese… BIEN ES natural. No es artificial —su natu-raleza, aunque sea un don otorgado posteriormente a nuestro nacimiento, es el propio de las cosas que llegan como equipo con nuestro nacimiento— . Cualquier persona que pre-tenda dominarle, QUE PRETENDA MONTARLE TIMÓN (.), ¡es un maldito!
El carisma religioso. Tener carisma, se dice. Es un real misterio, que hace que la persona sea agradable en el trato, que sea fluida socialmente, en las lides morales. Y si es cues-tión social, que sea tratable en cuestiones profanas, en las cosas prosaicas del mundo.
Eso es un asunto raro, pues encontrarse con una persona así es poco menos que irreal, ya que para ello, esa persona tiene que tener una forma: 1) desprendida (de sí misma), y 2) de abnegación —del latín abnegó: que se niega a tomar beneficios plr los favores hechos— . Es lo que los franceses definen como hacer las cosas por amaterur. Es decir: hacerlas por amor, que en castellano se dice por afición, del italiano per affe (a fe), hacerlas por fe, por amor a la verdad. Hechas por fe o por amor.
En otros ámbitos se usa/dice con/por piedad. Por fe; “por el gusto de ver brillar la ver-dad en todo sun esplendor”. Por el gozo de ver triunfar la verdad.
Tener carisma es gozar el bien hecho. Gozarlo, NO “cobrarlo”. Es disfrutar el brillo de la verdad, de la fe.
Hoy día es poco menos que utópico eso, ya que lo común hoy es “el pago/sueldo, obligado, por los espectáculos ofrecidos”. ¡Y bien caro!