Crueles batallas, cabelleras cortadas, infinitas planicies recorridas al galope...
Nos adentramos en territorio indio, en la ficción y la historia real de las tribus norteamericanas Desde la leyenda de Uncas, el presunto último mohicano, hasta las andanzas de Quanah Parker, el comanche que se adaptó al ‘American way of life (estilo de vida americano)’.
Aventuras con pieles rojas, ¡eso sí son grandes aventuras! Escribo en Formentera (JACINTO ANTÓN: articulista del periódico español El País), que no es la Comanchería ni los postreros cazaderos de los Wyandots, pero exuda una parecida sensación de salvaje libertad: aún hay aquí chiringuitos en los que nadie arquea una ceja si vas semidesnudo, luces en el pelo una pluma de águila –o acaso de gaviota– y te encierras en un torvo silencio de frontera mientras bebes, feroz, unas hierbas. Y para tambores de guerra, los de Pachanka, la discoteca de moda.
La palabra “indios” –mejor con exclamación: “¡indios!”– despierta en mí emociones incontenibles. Imágenes de bosques tenebrosos donde enrojece el tomahawk –el hacha de guerra– y donde las partidas de hurones y franceses siguen como alimañas el rastro de nuestros mocasines; de praderas deslumbrantes estremecidas por el galopar de los sioux y cheyennes; de desiertos rotundos donde el apache ejercita su notable crueldad y masculla su venganza; de pantanos infestados de aligátores y semínolas; de mortíferos desfiladeros, donde invariablemente te atrapan los recalcitrantes kiowas…
En general, escribimos esto dado un doble interrogante que siempre nos ha causado inquietud:
1) ¿por qué al temperamento del Pielrroja siempre se le ha presentado con una dureza taciturna?
Y 2) ¿por qué esa severidad siempre ha comportado un grado de urbanidad por parte del blanco?
Es muy extraño que esos dos aspectos se conjuguen, particularmente en los tiempos que corren.
Pero hay algo más. La personalidad de la gente del sur de Colombia parece poseer unas características "algo" similares; el sello particular de estos parece haber sido fuertemente marcado por la cultura Inca; como el de los naturales del sur de los Estados Unidos, México y el norte de CentroAmérica por la cultura Azteca; lo cuál no tiene nada de particular dada la fuerza de los dos imperios... Pero lo que NOS viene al caso, es la inexpresividad que parece serles naturales a los Pilesrrojas, un hermetismo digno de monjes comprometidos con su vocación. Es innegable que en todo esto opera un profundo misticísmo, una filosofía propia muy afirmada...
Nosotros respetamos los compromisos, especialmente si estos son CON DIOS y NO con las velidades de los perros. Como es el caso del malparido cerdo hijodeputa ese que metieron al Vaticano. Nos dan asco el perro ese y su hijueputa caterva de PERROS-PAPÓLATRAS lameculos.