20 enero 2017
“Verás, Enrique, decidí apuntarme a un curso de los de la Universidad, para viejos, y allí conocí a Berta, una simpática valenciana de Benifalló, de la que me hice muy amigo. Ella me llevó a una asociación de ‘voluntarios contra el hambre y ayuda a la indigencia’ y me apunté a la campaña de invierno. Como soy o fui, experto en RRHH me mandaron a conversar con gente en situación difícil y de ahí, en una larga noche, en uno de esos horribles cajeros del SABADELL-CAM, conocí y ayudé a una mujer que le había pasado de todo. Abandonada por los hijos, exempresaria del calzado, embargados y subastados todos sus bienes, sin amigos, pues le repudiaron cómo si tuviera la lepra y un marido que murió en un accidente de coche en la carretera del Saler, mientras celebraba, de copería en copería, un fiestón clásico de esos frustrados machos ibéricos, nuevos ricos, con mujer empresaria de éxito. Ella no supo o no quiso, superarlo y se abrazó al mundo de la indigencia. Estuve tres noches con ella … hablamos, hablamos mucho, nos comprendimos y, al cuarto, conseguí que viniera a casa a ducharse, a asearse y a sentirse querida, a darle calor. Eso fue antes de Navidad. Ahora vive conmigo, no sé si seguiremos juntos mucho tiempo, pero estamos felices, juntos y sin plantearnos nada más que el presente. No sé si la quiero, pero sé que yo le doy vida y ella … me la da mi. Estamos y somos, felices así … no queremos más. Pensé que, antes de que ella volviera del Hospital, (tiene un grave problema sobre la calidad de sus huesos, por el largo período de vida en la calle), pasaría por aquí para contártelo, tú siempre te preocupaste por mi y sabía que te encontraría tomando tu café de madrugada. ” ….
… y a mí me sigue partiendo el alma que me cuenten historias así, historias de amor puro y duro, aunque me hagan llorar cuando nadie me ve.
Fuente: enriquetarragofreixes.wordpress.com