¿Vida o muerte?

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"Karina Pereyra...

¿Vida o muerte?

24 años...
metástasis generalizada en el pulmón derecho”

Diez palabras resumían los últimos años de su vida, transitados de médico en médico, de remedio en remedio. La larga lista, terminaba en una habitación blanca, con una cama de barrotes, olor a

desinfectantes y un suero colgado goteando líquido hacia un brazo debilitado.
Este hospital era la última oportunidad que quedaba. Luego, se evaporaría para siempre la esperanza de recuperación. Los médicos habían sido optimistas: si su hermana donaba parte de su cuerpo sano al suyo, maltrecho, había una pequeña posibilidad.
Karina ya no creía en milagros. Es más, casi había dejado de pensar en que había algo superior, algo más.
Su madre y su hermana, en cambio, tenían una fe ciega en Dios y habían sido ellas quienes continuaron la lucha luego que Karina dejara caer los brazos por la falta de perspectivas.
Y hoy, era el gran día.
Faltaba poco para la operación cuando un médico nuevo pasó a visitarla. Ella apenas lo miró, estaba harta de la ceremonia pre quirúrgica: alguien llegaba, la llenaba de ilusiones y horas después volvía con la mala noticia de que habían fallado, otra vez.
El médico, un muchacho casi, se sentó en el borde de la cama y la contempló en silencio. Con una voz suave, casi inaudible, le preguntó si estaba bien, si necesitaba algo… Ante el silencio, la arropó, le puso su mano sobre la frente y acarició el poquito pelo que le había dejado la última quimioterapia. Karina sintió una oleada de paz. Por un instante, sus pensamientos dejaron de bailar al ritmo de rock en su cabeza y su cuerpo se relajó como el de un bebé.
Quiso agradecer al facultativo, pero cuando abrió los ojos, él ya no estaba. En su lugar, una enfermera controlaba la anestesia.
Volvió a dormirse.

Despertó en plena operación. Pensó que algo estaba mal: era ilógico que en ese momento recobrara la conciencia. Los médicos trabajaban absortos sobe su cuerpo y el de su hermana, que yacía en una camilla alta a su lado.
Karina estiró una mano y, tomándose de una saliente, se levantó. En ese instante, reinó una gran confusión. Ella no entendía nada, ya que era como si la hubiesen olvidado. Solo el médico joven, el muchachito, parecía recordarla, ya que se había sentado otra vez a los pies de la camilla y la miraba sonriendo mientras sus colegas zumbaban como abejas laboriosas a su alrededor.

Él, meneó la cabeza.
-¿Querés realmente irte?-, le preguntó.
Karina miró a su hermana. Un mechón de rulos había escapado de la gorrita y se estiraba como un resorte cada vez que alguien pasaba junto a ella. Lo tomó entre sus dedos enflaquecidos y jugueteó con él.
-No- dijo simplemente al tiempo que volvía a acostarse sobre sí misma.
Horas después, su mamá le contó que había estado muerta por siete minutos.
La operación, al revés de todas las anteriores, fue un éxito. El cáncer había desaparecido y con él, también la desazón.
Karina quiso agradecer al joven médico pero jamás encontró a nadie con sus características, ni siquiera en los archivos del hospital. Solo ella lo había visto.
Entonces, comprendió que su ángel guardián le había jugado una buena partida de ajedrez viviente
aunque, el jaque mate, había quedado pospuesto para más adelante...


Clara Silvina Alazraki




Fuente: claraalazrakiyelfolklore.blogspot.com.ar
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