La historia de Lynlee es de verdad increíblemente inspiradora.
Su mamá, Margaret Hawkins Boemer había sufrido un aborto espontáneo y meses después descubrió que estaba embarazada de gemelos. A las seis semanas de gestación, perdió a uno de los bebés. A las ocho semanas se enteraron que tendrían una niña y se llenaron de alegría. Se inmediato sabían que se llamaría Lynlee, como las abuelas de ambos.
Así que cuando 10 semanas después, en una revisión de rutina, el médico le dijo a Margaret y a su esposo que su bebecita tenía un tumor en la columna vertebral, toda su alegría se convirtió en miedo.
Lynlee tenìa un teratoma sacrococcígeo, que es un tumor muy raro, localizado en la columna vertebral, cuya causa se desconoce, pero que estaba desviando la sangre que Lynlee necesitaba y podía provocarle un fallo cardíaco.
Todos los médicos que vieron el caso le recomendaron que abortara. Solo el Texas Children’s Hospital vio el caso con un cauteloso optimismo. El tumor podría ser removido mediante una operación fetal; es decir, operar a la bebé, quitarle el tumor y devolverla al útero para que continuara la gestación. Margaret y su esposo solo podían pensar en salvar a su pequeñita. Después de todo lo que habían luchado por ella, harían lo que fuera necesario.
Los médicos veían crecer el tamaño del tumor y esperaron hasta el momento en que ya no había opción: Margaret tenía 23 semanas y 5 días de embarazo cuando fue sometida a cirugía. En caso de que las cosas no marcharan bien, la bebé tendría que nacer y estaba apenas en el límite para poder sobrevivir fuera del vientre de su madre.
Cuando realizaron la operación, el tumor ya era del mismo tamaño que la bebé. Un equipo de más de 20 personas realizó la operación en de 5 horas. La mayor parte del tiempo se dedicó a abrir cuidadosamente el útero para sacar la parte inferior del cuerpecito de Lynlee. Le quitaron el 90% del tumor y la devolvieron al útero, teniendo que cerrar las membranas de tal manera que pudiera soportar el resto del crecimiento de la bebé.
Margaret se mantuvo en reposo las siguientes 12 semanas y el 6 de junio, a las 36 semanas de embarazo, dio a luz por cesárea a una bebé de 2 kilos y medio de peso que nació por segunda vez, llorando con el mejor llanto que podían esperar sus médicos y sus papás. En ese momento le pusieron su segundo nombre: Hope (Esperanza).
A los ocho días de nacida, Lynlee fue operada de nuevo para eliminar el resto del tumor y es posible que necesite alguna reconstrucción de algunos músculos pélvicos, pero a casi cinco meses de nacida, es una bebé sana, sonriente y que ama jugar con sus hermanas mayores.
Margaret dice que la historia de su hija ha tenido muchísima atención, que a veces puede ser abrumadora, pero que la familia es muy feliz. “Cuando nos dijeron ese nombre tan largo para lo que Lynlee tenia, nos asustamos mucho, no sabíamos lo que era, ni nunca habíamos escuchado sobre él. Esperamos que esta historia le ayude a alguien con el mismo diagnóstico a saber que no están solos.”
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Fuente: espanol.babycenter.com