Cuando los perros hablen

 
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Gratamente nos ha sorprendido el escritor, compositor y poeta Álvaro Martínez Betancourt con su texto “Cuando los perros hablen”, una bella y magnifica “selección de cuentos y relatos compulsivos”. En él encontramos variados y diferentes temas que “son expresión del viejo grito contra la violencia partidista, casi como una apelación de conciencia de su niñez, desarrollada en un medio agreste y difícil, recopila además vivencias de la vida cotidiana y citadina, la pobreza en los campos, los enfermos mal atendidos en los hospitales, pasajes periodísticos, el tumulto de gente sin destino, es todo un deambular por el acontecer humano, su psicología, sus derrotas y sus glorias, exuberantes de fantasía, humor, sentencia y suspenso, en un juego verbal de magnífica estructura…”.

Cuando los perros hablen

“Cuando los perros hablen” recopila 16 narraciones que enmarcan las vivencias de nuestros pueblos y su gente. Inicia con “El señor de la bufanda blanca”, contada y vivenciada desde Guanamita, cuando no había energía eléctrica y el brillo de la luna acechaba a los bohemios en su deambular constante y nostálgico. Recorre el autor los días de violencia, de muerte, de desplazamiento en manos y recuerdos de un viejo que al vaivén de sus pensamientos y unos buenos guarapos trae a su mente la vida en su pueblo, sus amigos, sus parientes, sus canciones y todas las angustias que se despiertan en una alma que se atreve a hablar consigo mismo, con sus sombras y sus pesares. Guanamita nos recuerda a Comala por cuanto ambos pueblos encierran el eco de palabras idas, muertas y desaparecidas, pero que cada día se dejan oír en el sentimiento de cada uno de sus protagonistas.

Encontramos en este texto narraciones como “La loma de oro”, “Chantaje burlón”, “La compuerta”, “Voces de la casona”, “Vivencias del autor”, “las cabriolas de un gol”, “Plumas en el estanque” entre otros, permitiéndonos conocer de cerca y de primera mano vivencias y recuerdos del autor, días de niñez, instantes de adolescencia y angustias de un adulto que necesita realizar un balance de lo vivido para procesar la catarsis de sus propias angustias, anhelos y temores.

Nos hacía falta un texto como “Cuando los perro hablen” por cuanto hace muchos siglos nos encontramos huérfanos de nuestras propias historias, de mitos y cuentos que habitaron a nuestros abuelos y con ellos se enterraron para dejarnos una vaga y leve percepción de que algún día habitaron entre nuestros montes y en nuestros pueblos, forrados de follaje, vestido del verde paisaje que sucumbió ante el embiste de la energía eléctrica, los vehículos, las grandes autopistas o el simple y llano olvido de los hombres. En sus páginas encontramos la historia que siempre escuchamos aún sin haberla oído de primera mano, pero que escondida y temerosa, quería salir a los caminos para encontrar aquellos paisajes y parajes que enmarcan su presencia. Sin duda alguna que más que un texto netamente narrativo es la premonición de aquello que fuimos y aquello en que nos convertimos mientras hombres, mujeres, niños y bestias inundaban los polvorientos caminos en busca de una paz que les era siempre esquiva entre las grandes urbes, pero que se ofrecía insistentemente a aquellos seres que huían para rescatar la única posibilidad de existencia y esperanza.

La virtud del autor consiste en hacernos vivir y sentir sus propias experiencias, sus vivencias y sus nostalgias pues su palabra es sonora y cargada de efluvios preñados de olores y sensaciones. Grato recordar al abuelo contando sus historias, su ruana portadora de instantes de eternidad, sus palabras colmadas de recuerdos y expectativas. Y también la nostalgia de la transformación de los hombres y de los pueblos que persiguiendo una civilización y un progreso sepultan en su intento la única eternidad posible: la memoria de los días, de los vividos, de los soñados, de los acariciados al son de una canción mientras por la garganta corre el sabor de la panela en el sonoro guarapo que nos hizo hombres y nos permitió tocar de cerca la eternidad.

Hermoso y sentido texto el de Álvaro Martínez Betancourt, digno de leerse y compartir. “Cuando los perros hablen” no puede faltar en las bibliotecas personales y su lectura debe promoverse en instituciones educativas para así recuperar esa memoria que con el tiempo hemos perdido. Felicitaciones a su autor y gracias por permitirnos su grata y agradable lectura.

Pablo Emilio Obando A.
peobando@gmail.com

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