Por Jorge Raventos
En otros sectores (definidamente cristinistas) se observa una táctica dirigida a buscar una retirada en orden. Diana Conti, una de las voceras de la presidencia eterna de Cristina Kirchner, declara ahora que "el presidente que venga va a tener un Congreso con un número de pensamiento kirchnerista importante, que lo va a hacer reflexionar sobre el rumbo a seguir". La frase denota la resignada admisión de que el próximo presidente no será del palo y la apreciación quizás demasiado optimista- de que, pese a ese retroceso, el próximo Congreso tendrá un número importante kirchnerista. ¿Un ejército combativo con su comandante derrotado?
Otro hombre del riñón K, Horacio Verbitsky, parece insinuar en sus columnas que, más allá de la re.re, el gobierno debe tratar de salir del aislamiento para realizar una tarea de fondo: la liquidación del Estado que legó el neoliberalismo una tarea en la que cree que el gobierno puede contar con apoyo parcial o total de la oposición . Desde esa perspectiva (acuerdos con los opositores, principalmente el centroizquierda), la consigna de la re-reelección que plantea De Vido es un obstáculo. Aún en la más aguda polarización es posible encontrar puntos de coincidencia , propone Verbitsky. Las coincidencias de las que habla no son hacia adentro del peronismo (por ejemplo, con Scioli o Massa), sino con quienes, por razones ideológicas, desde fuera del peronismo muchas veces acompañaron o simplemente siguieron al gobierno y consumieron su relato.
En el momento del declive y la decadencia, la coalición oficialista debate hacia dónde encarar el repliegue, si hacia el peronismo o hacia la izquierda.
Curioso fenómeno de época, en este instante de la transición muchos levantan la figura de Néstor Kirchner para diferenciarse de su viuda y descubren en el muerto virtudes que no resultaban tan obvias en vida. Para casos como este es aplicable aquella frase de Perón: No es que nosotros seamos buenos, sino que los que vinieron después fueron peores .