Por Jorge Raventos
El lunes 26 de noviembre, reventando caballos, el estudio de abogados estadounidenses contratado por el gobierno apelará la decisión que Griesa suscribió en vísperas del Día de Acción de Gracias. Ese fallo impone al Estado un depósito de garantía por 1330 millones de dólares destinado a cumplir con los tenedores de bonos de la deuda que no aceptaron los canjes y quitas que el Estado consiguió imponer a más del 90 por ciento de los acreedores en 2005 y 2010. Griesa reclama ese depósito antes del 15 de diciembre. El juez mencionó para explicar el tono severo de su decisión declaraciones desacatadas de las autoridades argentinas (sin excluir a la propia Presidente) que el magistrado calificó de provocativas y de desafíos a la Justicia de aquel país.
Son varios los analistas que destacan que el principal error del gobierno argentino fue no haber presentado al juzgado de Griesa una propuesta que indicara la voluntad de pagar, que podría haber sido, por caso, una oferta semejante a la que aceptaron los bonistas que ingresaron al canje. Seguramente los holdouts no hubieran accedido a esa oferta, pero el país habría evitado la posición en la que se encuentra actualmente, que es la de no honrar sus compromisos. El gobierno prefirió privilegiar el tono épico de su relato: ni un dólar a los fondos buitres, proclamó la Presidente, mientras su copiloto, el afamado Amado Boudou denunciaba al juez como un embargador serial .
Es que para el relato oficial la cuestión de la deuda había quedado totalmente resuelta con aquellos canjes de 2005 y 2010. De pronto la incómoda realidad irrumpe para desmentirlo. No sólo faltaba pagarle a los bonistas que actuaron ante Griesa; hay condenas impagas por fallos adversos del CIADI (el comité de arbitraje del Banco Mundial) y resta también la deuda con el Club de París, que el gobierno prometió varias cancelar pero se fue en amagues.
El país, que dedicó parte de de sus reservas a pagar compromisos con el FMI pero cuenta, según el Banco Central, con un stock estimable, se encuentra sin embargo, según los especialistas y los mercados, ante el riesgo de un default técnico, que sería sumamente dañino para toda la economía argentina, principalmente para el financiamiento e intercambio de los privados. Vivir en la burbuja del relato no es gratis.
Hace unos años, en la primera reunión del G20, en Washington, la señora de Kirchner pronunció una frase (no excesivamente original, es cierto) que en diversas oportunidades posteriores citó con orgullo: "Es un indicio de locura diagnosticó- pensar que con los mismos métodos se van a obtener resultados diferentes . Es probable que la Presidente no tome debida nota de lo que dice. O que suponga que sus opiniones sólo son aplicables a otros.