Scioli y el capricho presidencial

 
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En la provincia de Buenos Aires, más precisamente en su Conurbano y puertas adentro de la movediza arena del oficialismo se empiezan a percibir lentos y paulatinos reacomodamientos que van a marcar seguramente el futuro institucional argentino. Los pronósticos de debaten entre quienes siguen construyendo el cristinismo y los que consideran que el sciolismo es irreversible con miras a 2015.
En ese sentido, Daniel Scioli aceleró en los últimos días la construcción de su perfil de candidato presidencial hasta un nivel que, acostumbrados a su índole cautelosa, pocos imaginaban. Con el traje de candidato ya puesto, es observado con atención por propios y extraños y genera dudas. ¿Cuándo y cómo dará finalmente el gobernador la pelea por el Sillón de Rivadavia?
Es la pregunta que se hacen los gobernadores que, con o sin proyecto presidencialista propio, alimentan el objetivo de que en 2015 vuelva a haber un candidato peronista a secas . La misma duda de Sergio Massa, otro dirigente bonaerense que viene acelerando en una construcción propia, una liga informal de intendentes oficialistas con autonomía .
Claramente, el gobernador apuesta a manejarse a partir de ahora como líder y candidato de un sector propio e ir sumando. Antes de fin de año protagonizará otro mitin de su agrupación, La DOS, en Pilar, y un acto institucional -con manzaneras, jóvenes del Plan Envión y otros sectores de la comunidad beneficiaria de planes del gobierno provincial- en el que se subraye un apoyo a su gestión.
Prepara también un desembarco fuerte, para cerrar el año, de La DOS en la Capital, con el titular del Bapro, Gustavo Marangoni, como conductor de la agrupación y con Roberto Lavagna y Jorge Telerman como potenciales candidatos. Como para que quede definitivamente claro que con Mauricio Macri -en tanto candidato presidencial- no habrá sociedad electoral sino confrontación. Y se prepara también para otra apuesta fuerte: la que se viene por la conducción del PJ bonaerense.
La Casa Rosada ya está moviendo piezas para monopolizar el consejo partidario que se definiría en marzo próximo, en sociedad con los intendentes que no discuten las decisiones del cristinismo -Hugo Curto, Fernando Espinoza, Alberto Descalzo-. Y en ese marco, hay sectores que evalúan plantear que Scioli, por su condición de gobernador, debería presidir el PJ provincial.
Scioli no resolvió aún si buscará ese cargo, pero sí tiene ya decidido dar pelea para que el sciolismo y los grupos afines estén correctamente representados en el futuro consejo. Mientras tanto, el ex motonauta apuesta a ser en 2015 el candidato natural de un oficialismo que, con el cristinismo desgastado y sin sucesión propia- volverá a ser, sustancialmente, peronismo.
Se imagina, así, candidato presidencial de un proceso no traumático -sin rupturas- hacia adentro del oficialismo, pero lo suficientemente diferenciado, de cara a la sociedad. Y no es Scioli el único que imagina un proceso de esas características. Analistas políticos, dirigentes opositores y no pocos referentes del oficialismo hacen evaluaciones y pronósticos similares.
El gobernador cree que, con su necesidad de ganar frente a derrotas seguras en Santa Fe, Córdoba, Mendoza y en la CABA, la Casa Rosada le reconocerá su alta buena imagen en la Provincia otorgándole generosa gravitación en las listas de candidatos del distrito. Hay señales de un cese de las hostilidades ultra K hacia Scioli.
Las encuestas dicen que su candidata para encabezar la nómina bonaerense al Congreso -Alicia Kirchner- pierde en todos los escenarios: contra Ricardo Alfonsín, contra Karina Rabolini, contra De Narváez. Pero el cristinismo cree que para que el gobernador permanezca en el FpV no hay porqué entregarle las candidaturas y se apresta a copar las listas bonaerenses, como lo piensa hacer con el PJ.
Pero las encuestas dicen algo más: que Scioli, debido a los gestos diferenciadores de los últimos tiempos, cosecha sus mayores apoyos entre quienes tienen una abierta opinión negativa de la presidenta y el gobierno nacional. La misma gente que, según los sondeos, querría ver reflejada su postura en los resultados de los comicios del 2013.
"Estamos ante el final de un ciclo", fue una definición política que aseguran haberle escuchado a Scioli. Desde hace varios días, esa expresión, sumada a la posterior definición pública cuando aseguró que su proyecto político "es continuidad con cambio, porque es inteligente corregir", disparó mil interpretaciones entre funcionarios y legisladores del cristinismo de paladar negro.
No fue casual que el vicegobernador Gabriel Mariotto haya salido a marcar la cancha, cuestionando la embestida para posicionar a Scioli como sucesor natural de Cristina para las presidenciales. Aclaró que, "con banda o sin banda", será la presidenta la que seguirá conduciendo después de 2015 el actual "proyecto político de transformación".
Y habló de "capricho" en torno de la prematura postulación del gobernador para la Casa Rosada. "El problema no es Scioli sino los sciolistas", aclaran los K. Ante la ausencia de un liderazgo dentro de algunas de las fuerzas de la desunida oposición, el actual escenario refleja que si hay otro presidente peronista después de 2015, será quien realmente conduzca el post-cristinismo.
En definitiva, dicen, que los últimos movimientos del ex motonauta cayeron "mal" justo en días decisivos para CFK en su batalla contra el Grupo Clarín, en la antesala del 7D. Cuentan que, desde hace varios días, se lo ve a Scioli mucho más envalentonado respecto a su cotidiana relación de tensión con la Casa Rosada. O, si se quiere, mucho menos precavido.
Las fuentes dicen que las bisagras de este cambio fueron dos: aquel pronunciamiento de diputados y senadores nacionales para cerrarle la puerta a un debate legislativo sobre una reforma constitucional que posibilite la re-reelección al menos hasta diciembre del 2013, por un lado; y la movilización ciudadana del 8 N, todo un mensaje a la clase política, por el otro.
Contrariamente a lo que sucedía a mitad de este año, los sciolistas aseguran que no temen una venganza de la Rosada por esa diferenciación, que se traduzca en el retaceo de fondos para cumplir con las obligaciones salariales. Debe ser cierto, pues, esa información que hacen circular ellos mismos y que dice que el dinero para sueldos y aguinaldos ya está asegurado, aunque nadie detalla de dónde sale.
Los sciolistas creen que la figura de Florencio Randazzo estaría en los planes presidenciales para encabezar la nómina de legisladores nacionales del oficialismo el año próximo. Sería un viraje respecto a la tesis que se manejaba hasta ahora, la que decía que Alicia K era la elegida. Pero la ministra de Desarrollo Social sigue con su tendencia a la baja en las encuestas.
Desde el massismo, otro sector del PJ bonaerense que genera mucha expectativa, aseguran que no los inquieta este despegue que evidencia Scioli y la aceleración de su proyecto presidencial, que incluyó actos donde explícitamente se habló de su candidatura con las agrupaciones que lo respaldan y contabilizará un próximo mega evento en el Estadio Ciudad de La Plata.
Por el contrario, cerca de Sergio Massa explican que se mantiene más firme que nunca la estrategia de empezar a blanquear la intención electoral del intendente recién en abril del año próximo. Y deslizan, pícaros, que acaso Scioli haya decidido salir a mostrarse ya como un presidenciable porque las encuestas que circulan en el PJ muestran que su imagen está por debajo de la del tigrense.
Quienes conocen bien al ex jefe de Gabinete aseguran que aún no ha definido con quien va a jugar electoralmente o en todo caso que hasta el momento no se anima a dejar las filas del oficialismo para construir un espacio opositor. Dicen que esta definición la tomará en base a los consejos de dos hombres a quienes respeta mucho: el banquero Jorge Brito y el empresario José Luís Manzano, ambos entusiastas aplaudidores de CFK.
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