28 septiembre 2016
Una noche tormentosa, sí, de esas que por su escasa frecuencia, sales a la terraza a ver eso, sí, a ver simplemente como llueve. Ese olor a tierra mojada, ese ruido casi olvidado del golpeo de sus gotas contra el suelo. Ese correr de las gentes buscando refugio y hasta ese nostálgico recuerdo de tu lejana infancia donde hacías exactamente lo mismo, maravillándote de ese sorprendente manifiesto de la naturaleza. Todo, absolutamente todo, es maravilloso y mucho más lo es el que yo, a mi edad, siga sorprendiéndome, igual que lo hacía aquel niño que fui, ante tan extraordinario suceso.
Ahora, sentado en la terraza frente a la lluvia, cierro los ojos y hasta puedo desayunar como lo hacía entonces, como cuando tenía que bajar a la vaquería a por la leche, la ensaimada y la nata ... ay, cuanta Imborrable belleza había en aquellos desayunos en familia ... como ahora, sí, muy distintos y solo con Ella, pero igual de felices.
Sed felices ... él día es corto, aprovechadlo pues éste ya no volverá.
Fuente: etfreixes.blogspot.com.es