Santa Fe y el narcosocialismo

 
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El montaje de la operación Tognoli dejó en evidencia al kirchnerismo santafesino ante la débil respuesta del gobierno de Antonio Bonfatti. Querían al gobernador rendido. A Hermes Binner culpable, al Frente Progresista confesando el fracaso en seguridad, en síntesis: querían llevarse puesto al socialismo y sus aliados de la mano de un sobreactuado Agustín Rossi.
Se trata de la operación kirchnerista más audaz en territorio santafesino que intentó (más allá del escandaloso problema del narcotráfico y su relación con la policía provincial) esmerilar a un gobierno, que en las encuestas- al menos hasta el jueves 18 de octubre gozaba de una alta popularidad en la opinión pública de ese distrito.
Los socialistas hablan de la operación Raúl Kollmann, la nota que se escribió una semana antes en el diario oficialista Página 12. Este periodista es un operador K que cuenta con fluidos contactos con la SIDE y la PSA (Policía Aeroportuaria) para filtrar información. Es uno de los preferidos de Horacio Vertbisky, con quien suele colaborar en la elaboración de algunos informes dominicales.
El viernes 19 de octubre, mientras Hugo Tognoli preparaba un informe que tenía como objetivo una conferencia de prensa para dar detalles de las detenciones en el robo al Banco Macro, en su condición de policía estelar , la tapa del diario oficialista asestó : La Delgada línea Blanca , ilustrada con una foto del entonces jefe de la policía de Santa Fe.
En la nota se destacaban tres elementos contundentes, que provenían de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, fuente calificada si las hay por su impresionante aparato tecnológico e inteligencia: Una orden de allanamiento y detención contra Tognolli por presunto vínculo con un reconocido narcotraficante. La negativa de un juez a realizar esos procedimientos y tres pruebas contundentes: una escucha policial que lo comprometía, un mensaje de texto donde quedaba evidenciada su participación en la distribución de los botines narcos.
Y lo más espeluznante: la prueba con letras y números de la clave de acceso al registro automotor del comisario, que había sido utilizada para avisarle a los narcos, de la identidad de los vehículos que los acompañaban en una de las operaciones . Y algo más: la denuncia decía que la investigación databa de septiembre de 2011, dato relevante también, por la proximidad con la fecha de la publicación, y porque entonces Tognoli, ya era jefe de la Policía.
A las seis de la mañana del mismo viernes, cuando casi ningún santafesino se había anoticiado del asunto, sin ningún disimulo apareció un móvil de la TV Pública en la puerta del domicilio rosarino de Raúl Lamberto, ministro de seguridad provincial. A las siete de la mañana, el diputado Agustín Rossi ya hacía declaraciones en radios rosarinas y porteñas, exigiendo el esclarecimiento del grave problema institucional y daba detalles del caso.
La noticia no tardó en estallar. No solo en los medios santafesinos, sino en todos y cada uno de los canales de noticias nacionales. Hasta el viernes a la noche- es decir, catorce horas después de la explosiva operación- no había denuncia fiscal, ni notificación judicial, ni había órdenes de allanamientos, ni detenciones. La nota de Kollmann había caído en su primera falla: redactó y publicó los hechos antes de que ocurrieran.
Recién en la noche del viernes el juez federal Carlos Vera Barros, ex socio y amigo personal del actual titular del SEDRONAR, Rafael Bielsa, ordenó su detención. Tognoli prefirió esconderse un par de días y finalmente se entregó el domingo por la noche. Todo parecía que se confirmaba. La detención, su declaración y la posterior confirmación de su detención, hacía presumir que más allá de algunos errores temporales- la denuncia de Kollmann, era realidad.
Desde el gobierno provincial reaccionaron tarde y casi sin reflejos. El gobernador prefirió llamarse al silencio, y los ministros que abrieron la boca, carentes de información suficiente, reiteraron lugares comunes e insuficientes: no sabíamos nada de la investigación , No recibimos un solo aviso . La condición de prófugo durante casi dos días de Tognoli, los había dejado al borde del KO.
Una vez detenido, Bonfatti salió al ruedo. Visiblemente mal herido, el mandatario evidenciaba los efectos de su peor fin de semana y las esquirlas de un escándalo en la que no faltaron reclamos en la interna . Durante algunas reuniones en su domicilio de Rosario, Bonfatti había reprochado a sus funcionarios la falta de atención sobre Tognoli y la lentititud para separarlo del cargo. Las discusiones se acaloraron cuando se verificó que Tognoli estaba siendo investigado por dos denuncias anónimas.
Nos metieron un balazo en la frente , dicen que dijo el gobernador. Los ánimos estaban caldeados afuera, pero puertas adentro, la levedad de algunas decisiones en seguridad, habían brotado de furia al gobernador. Somos víctimas de una operación, pero también de nuestro alto nivel de pelotudez , habría gruñido Bonfatti.
Mientras el gobierno provincia se defendía en el pantanoso terreno de su débil gestión en Seguridad, el juez Vera Barros avanzaba con la investigación contra Tognoli y debía resolver su situación procesal. Las pruebas se presumían suficientes y sólidas. Hasta que se pusieron sobre la mesa de su despacho y se fueron licuando. Las tres pruebas aportadas por la PSA habían desaparecido.
Y al juez le costó rechazar el pedido de excarcelación que realizó el abogado. Apenas le quedó la imputación de presunta colaboración con el narcotráfico y la excusa del riesgo procesal , que suponía la libertad del acusado, por su antecedente como prófugo . Pero las pruebas no aparecían, ni las escuchas que involucraban a Tognoli, ni el mensaje de texto en el que lo mencionaban provenía de un teléfono que hubiera tenido contacto con el teléfono del ex jefe policial.
Además la investigación no era de septiembre de 2012, sino de marzo de 2009. Todas estas pruebas cayeron. No existe un solo elemento que lo comprometa a Tognoli, de acuerdo a lo denunciado por la PSA. Sin embargo el juez amigo de Bielsa, prefiere mantenerlo detenido. De todas formas, el golpe fue artero y siguió generando repercusiones como el polémico discurso del diputado Andrés Larroque en el recinto.
El escandaloso caso Tognoli pareció arrasar con todos los aprontes que empezaban a tejerse en la política santafesina de cara a las elecciones legislativas de 2013, al margen de que el narcoescándalo tendrá un lugar central en la campaña para ocupar 9 escaños en la Cámara de Diputados. La pelea de fondo será Binner contra Miguel Del Sel y Rossi si vuelve a ganar las primarias.
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