por Thierry Meyssan
Tel Aviv ha tomado la iniciativa precisamente en momentos en que Washington atraviesa un periodo de parcial vacío del poder en espera de la nominación de un nuevo secretario de Estado y del nuevo secretario de Defensa. Se barajan los nombres de la embajadora Susan Rice y del senador John Kerry, pero una lucha encarnizada que se libra a través de la prensa apunta a descalificar a la embajadora Rice. En todo caso, los secretarios de Estado y de Defensa salientes no están ahora en posición de tomar decisiones de peso y sus posibles sucesores ni siquiera han sido nominados aún.
Al igual que en este momento, Tel Aviv ya había tomado anteriormente una iniciativa similar la Operación Plomo Fundido aprovechando también el periodo de transición entre las administraciones de los presidentes Bush Jr. y Obama.
Varios comentaristas mencionan además la proximidad de las elecciones legislativas israelíes y sugieren que lo que buscan Benjamin Netanyahu y Avigdor Lieberman es consolidar su propia imagen de halcones intransigentes.
Pero esto es poco probable. La realidad es que han emprendido esta nueva agresión sin tener idea de su posible resultado. Y lo que realmente sucedió hace 4 años fue que el fracaso de la operación Plomo Fundido resultó fatal para el gobierno de Ehud Olmert.
¿Cuál es el objetivo?
Tradicionalmente, las fuerzas armadas israelíes acostumbran a adaptar sus objetivos a las ocasiones que se presentan.
Como mínimo, se trata de debilitar a la Resistencia palestina destruyendo su infraestructura y sus instalaciones administrativas en la franja de Gaza, como acostumbra hacer Israel a intervalos más o menos regulares. Pero el debilitamiento del Hamas beneficiará automáticamente a al-Fatah, en Cisjordania, movimiento que no dejará entonces de aprovechar la ocasión para hacer avanzar un poco más su demanda a favor del reconocimiento de un Estado palestino en el seno de la ONU.
Como máximo, esta nueva agresión del Estado de Israel contra la franja de Gaza pudiera abrir el camino a un viejo plan sionista: la transformación del reino de Jordania en un Estado palestino, el traslado de la población de Gaza (quizás incluso la de Cisjordania) al actual territorio de Jordania y la anexión de los territorios que abandonaría la población palestina. En ese caso, la actual operación militar israelí no apuntaría indistintamente contra todos los dirigentes del Hamas sino únicamente contra los responsables que se oponen al ex jefe político de esa organización, Khaled Mechaal. Y este último estaría llamado a convertirse en el primer gobernante del Estado palestino que se crearía en Jordania.
Fuente: www.voltairenet.org