Fotografía de Henry Cartier-Bresson
03 mayo 2016
Apenas lo disfruté, salía muy temprano y llegaba justo a la hora de cenar. Apenas hablábamos en la cena, a Él le gustaba hablar de sus problemas a modo de aleccionadora lección magistral. Aquello está bien, lo otro está mal, solía decir. Yo solo le miraba y admiraba. Nunca me pegó ni me riñó, no hizo falta. Sabía imponer su modelo educativo y su razón. La disciplina, la lealtad, la fidelidad, el respeto y especialmente, su dedicación a la familia, al trabajo y al futuro de sus niños, eran sus objetivos y su razón de vida. Ahora, cuando pienso en Él, una extraña y sana, envidia me recrea un deseo indescubrible: Cómo me gustaría que me mirasen a mi así, como le miraba yo a Él, entonces .
Fuente: etarrago.tumblr.com