Pablo López expone las razones de Giulia Paola Di Nicola para no abortar.
1) la práctica del aborto como método contraceptivo es una expresión de violencia sobre la mujer y sobre el ser humano concebido, que además deja huellas indelebles en la mujer, en la pareja, en la familia y en la sociedad, porque es un acto social, y como tal conlleva una reacción en cadena; además implica que la mujer es concebida como "mujer objeto": "El problema de la procreación con el aborto recae sólo sobre la mujer que, producida la concepción, debe reparar el en todo caso en su propia carne, poniendo fin a lo que ha sido y es, ofreciéndose como mujer-objeto a sí misma, a su compañero, a la sociedad. La lucha que los movimientos de liberación de la mujer han desarrollado contra la pornografía y contra la mujer-objeto se viene abajo tácitamente.
2) El aborto no propone un arma que se oponga a una lógica machista, sino que, al contrario, la favorece, porque promueve la irresponsabilidad moral del hombre en sus relaciones sexuales, ya que él encuentra en la ley un apoyo para su falta de compromiso y así, va a tender a hacer caer todo el peso moral de un embarazo no deseado sobre la mujer.
3) El aborto es a menudo un medio de aprobar los modelos culturales transmitidos por la presión de la madre, de la pareja, de la sociedad materialista: "En tal caso, quien aborta no hace sino llevar a cabo la condena a muerte decretada por el ambiente circundante. [...] En tal caso, la mujer resulta ser la última de la cadena, la que se autocastiga, de una red de relaciones infectada de valores antipersonalistas" (Di Nicola, 1991, 51).
4) El aborto es contradictorio respecto a la sensibilidad contemporánea hacia los sufrimientos de los niños y la violencia hacia los menores.
5) En el plano laboral y económico, el aborto refuerza la relación productiva y cosificadora entre empresa y trabajador: "La mujer es tanto más productiva cuanto menos interfiera con problemas de hijos, partos, lactancia, enfermedades de los niños, los ritmos regulares de producción. El trabajo industrial, basado en la ley de la máxima acumulación de capital con el mínimo gasto en los procesos de producción, se beneficia con el aborto. [...] Sin hablar de las industrias que se sirven de los fetos abortados para fabricar objetos de consumo, sobre todo cosméticos y medicinales" (Di Nicola, 1991, 52).
6) A corto plazo, el sistema gana económicamente, porque no tiene que hacerse cargo de hijos no deseados, pero a la larga y en términos de racionalidad sustancial, el sistema mismo pierde, como se constata si se observa el crecimiento cero de la población, el envejecimiento y otras consecuencias indirectas, para la madre frustrada y para la sociedad, como la neurosis y las patologías de carácter, el mal funcionamiento de las relaciones, etc.
7) Desde el punto de vista político, la solución del aborto es un camino rápido para evitar afrontar los problemas reales de la paternidad y maternidad, de manera que el tener hijos se convierte en un lujo de las clases sociales más elevadas. Se trata de una auténtica discriminación económica encubierta, pero no menos real: "[...] resulta cómodo evitar los problemas de la maternidad en vez de tratar de afrontar las complejas necesidades de la familia y del trabajo, a cuya reformulación está vinculada una efectiva -no violenta- liberación de la mujer. En efecto, para el Estado es más sencillo conceder a las mujeres que lo pidan, el aborto que contribuir a mejorar la calidad de vida, en especial de familia. La falta de lógica de la lógica del poder va en contra de los padres y madres que carecen de medios para criar con dignidad a sus hijos [...]" (Di Nicola, 1991, 53).
8) La cuestión del aborto suscita también preguntas acerca del estatalismo y la partidocracia, es decir, la intromisión del Estado en las cuestiones relativas a la persona, como son la vida conyugal, la procreación y la familia: "Ese Estado, benemérito por sus concesiones y derechos, favorece en realidad la ruptura por su base de las relaciones sociales, comenzando por la relación madre-hijo" (Di Nicola, 1991, 53).
Fuente: conciliar.blogspot.com.ar