Para bien o para mal, los sacrificios humanos moldearon a las sociedades de hoy

 
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Hay algo que definitivamente sí ha mejorado con el transcurso del tiempo: ya no hay tantos sacrificios humanos rituales.

Para bien o para mal, los sacrificios humanos moldearon a las sociedades de hoy

Sin embargo, en un estudio publicado la semana pasada en Nature un grupo de científicos encontró que, para bien o para mal (para las víctimas solo para mal, por supuesto), esa antigua práctica ayudó a crear las jerarquías que existen en muchas sociedades modernas.

Los científicos de la Universidad de Auckland y de la Universidad Victoria de Wellington, ambas en Nueva Zelanda, encontraron que el sacrificio ritual pudo haber impulsado la transición de sociedades pequeñas e igualitarias a otras más grandes y estratificadas. El estudio analizó 93 culturas tradicionales austronesias (hablantes de una familia de lenguas presentes en África, Asia y Oceanía).

En el estudio, observaron si estas culturas utilizaban el sacrificio ritual y cómo lo hacían (40 de ellas lo practicaban); también examinaron la forma en que este afectaba la organización social. Luego dividieron las culturas en grupos: igualitarias, moderadamente estratificadas y muy estratificadas, con base en la presencia o ausencia de jerarquías sociales y la tasa de movilidad social.

Aunque quizá no debería sorprendernos, los expertos descubrieron que el sacrificio humano contribuía a crear y conservar jerarquías sociales y que aumentaba las posibilidades de que existieran estratos más fijos, con puestos hereditarios y menor movilidad. Por lo general esta práctica también ayudaba a evitar que se perdieran las divisiones sociales una vez establecidas.

A pesar de su naturaleza salvaje, el sacrificio humano era una herramienta útil para los gobernantes, las élites y los religiosos, pues les servía para mantener o asentar su poder e incluso proclamar su propia divinidad.

Según los autores, en estas culturas el sacrificio humano, por lo común de esclavos u otras personas de los estratos bajos, se hacía para el rompimiento de tabúes o costumbres, los funerales importantes, o la consagración de una nueva casa o embarcación.

Los científicos enumeran técnicas usuales para el sacrificio humano pero también mencionan otras que son, por decirlo así, muy específicas: aplastar a alguien con una canoa recién construida, o hacer rodar a alguien por el techo de una casa y luego decapitarlo.

En algún momento el sacrificio humano se practicó en casi todo el mundo, pero como la mayoría de las religiones más importantes lo prohíben, no se extendió hasta nuestros días.

Aun así, a veces circulan rumores sobre sacrificios humanos o asesinatos rituales. Además, la cultura popular ayuda a avivar la llama. ¿No es así, espectadores de “Game of Thrones”?
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