Antonio Lomas Moreno.
Cada vez es más evidente que el Bronco no es un curtido político, ni un brillante gobernante o un estadista, es un personaje creado por un experimentado equipo de mercadotecnia que sabe que la política, moderna, es 90% percepción, pasión y producto y el 10%, restante, es realidad cotidiana.
El político que hoy empata con las mayorías mexicanas es el del carisma, el de las pasiones, pero sobre todo el de la rabia. Por ello, el “Bronco”, más que esperanza, genera pasión, sobre todo en un amplio porcentaje de los que se autodenominan “broncos”, que en su mayoría son pesimistas, sobre el futuro del país, “odiadores” de los partidos políticos y de los medios de comunicación. Dentro de su pesimismo, los “broncos” están colocando a su líder como la única “luz al final del túnel”, creando, rumbo al 2018, el sofisma de el Bronco o la nada.
Lo anterior tiene su razón de ser, ya que al común de la gente le gusta que le prometan que los problemas se van a solucionar fácilmente, aunque no sea así. El impacto generado, por los “creadores” del Bronco, ha posicionado a su personaje como un ser no dependiente, y verdugo, de la “vieja” clase política y de los medios de comunicación.
El mensaje del “Bronco” es simple, transparente y se dirige a las mayorías: ustedes están jodidos porque los partidos políticos y los medios de comunicación los hicieron víctimas de actos de corrupción.
Sus simpatizantes ven al personaje, que ya catapultan hacia la contienda presidencial, como alguien que, aunque no todo lo que diga sea necesariamente correcto, no se contiene, dice lo que piensa, tiene opiniones propias, no un discurso diseñado por asesores , y que nunca se va a echar para atrás cuando las cosas no vayan bien .
El Bronco día con día fortalece la percepción de que lleva un solo sentido: El 2018. Claramente, el Bronco, empezó su carrera hacia la candidatura presidencial con fortaleza. Y sube en las encuestas, prometiendo y diciendo lo que la gente quiere oír.
El éxito del “Bronco” no es por ser el bravucón que jurar tener “los tamaños” para meter en cintura a partidos políticos y medios de comunicación, un personaje de humo sostenido a base de “bullying” político y auto-celebración, un personaje que es cero sustancia y pura actitud: éxito a como dé lugar, ostentación, intolerancia a las críticas, y pésima gestión colocada bajo la alfombra de una retórica barata. El éxito del “Bronco” se da por su llegada en un momento de acumulación de resentimiento en las ideas y valores de la sociedad.
El Bronco aún conserva parte importante del capital adquirido durante la candidatura a la gubernatura de Nuevo León, pero el ser Gobernador le coloca en un espacio de inestabilidad que, al paso del tiempo, podría disminuir su constante impulso. Todo depende de la capacidad de empatar actos de Gobierno, con la espectacularidad de su imagen.
Contraria a la visión que tienen los “broncos” sobre su líder, esta surgiendo un sector que le considera como un actor que está cumpliendo la función de arrebatarle simpatías a quien, con seguridad, será candidato de un amplio sector de “las izquierdas”: Andrés Manuel López Obrador, el “Peje” . Según se establece, en esta teoría, la única manera como el PRI pudiese sostener la presidencia será si el voto se divide entre cuatro, para que así el voto duro priista sea el que defina la contienda. Otra tendencia seria la introducción de la segunda vuelta, quedando la clara posibilidad de una pragmática alianza entre P.R.I y P.A.N, anulando la creciente posibilidad de que un candidato de izquierda o independiente pueda obtener el triunfo.
La idea de candidatos similares, para atomizar el voto inconforme no está muy alejada de la realidad, ya que tanto el Bronco como el Peje van por los votantes englobados en el sector de ciudadanos que se encuentran en una encrucijada de miedo, fatigas y frustraciones, productos de décadas de minorías favorecidas y mayorías que se sienten abandonadas.
Ciertamente que es probable, aunque no seguro, que el Bronco sea candidato presidencial, ya que, históricamente, los líderes, con tendencia similar no han llegado, solo por su espectacular personalidad, sino que precisamente ese líder con ideas extremas llega al poder porque existe un segmento de la población que piensa igual. En el caso del Bronco, este personaje lo que ha hecho es tomar el sentimiento existente, abanderarlo públicamente y a cambio, recibe el apoyo electoral que lo llevo a la gubernatura de Nuevo León y le está colocando como serio aspirante presidencial.