Por Mireia Navarro, Psicóloga educativa. La clásica "cachetada" no es un buen método para educar. El castigo físico ha sido, durante muchos años, un tipo de castigo normalizado, pero con fatales consecuencias para el niño(a).
Hasta hace relativamente poco, los azotes eran prácticas habituales en la mayoría de familias con niños pequeños, incluso aún hoy se escucha afirmaciones como “un cachete a tiempo nunca viene mal”. Foto en:
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Afortunadamente, en los últimos años han cogido fuerza algunas corrientes psicológicas, como la psicología emocional y la psicología positiva, que afirman que el castigo físico no es la mejor opción para corregir conductas, por el impacto emocional que tienen en la persona que los recibe. Y esto se fundamenta en un gran número de razones, entre las cuales encontramos las siguientes ocho:
1. Aporta un modelado negativo
Nuestra conducta influye directamente en el comprotamiento de nuestros hijos. Esto se traduce en que, si usamos la violencia con ellos y/o delante de ellos, estaremos favoreciendo a normalizar este tipo de conducta, por lo que tarde o temprano la interiorizarán y repetirán.
El castigo físico, como conducta violenta que es, será reproducida por nuestros hijos como una manera viable de conseguir lo que se desea. Siendo violentos educamos a nuestros hijos a ser violentos.
2. Enseñamos estrategias erróneas de resolución de problemas
Si solemos usar la violencia para solucionar conflictos, estamos enseñando que esta mala práctica, es una buena estrategia para resolver problemas. Nuestro hijo la usará en cualquier problema que se le presente.
3. Imponemos miedo
A medida que el castigo físico se da una y otra vez, estamos provocando que nuestro hijo termine por tener miedo a estas reacciones. Esto, en un periodo corto de tiempo, desembocará en sentimientos de rechazo hacia sus propios padres.
Ante esto, es posible que el niño empiece a esconder información importante por miedo a este tipo de castigos. Esta es otra de las razones por las cuales la violencia intrafamiliar le hace un flaco favor a la estabilidad psicológica de los niños.
4. Hacemos que nuestro hijo pierda la confianza en nosotros
Ante el miedo de desembocar respuestas violentas por parte de los padres, el niño puede empezar a sentir que no tiene apoyo de sus padres, sino más bien castigos y sufrimiento.
Esto puede dificultar que el niño se sienta suficientemente capacitado para comunicar sus problemas e inquietudes con los padres por miedo a malas reacciones y a sentirse todavía más incomprendido.
5. Pérdida de autoestima
Si el castigo físico se da una y otra vez (sobre todo si no se acompaña de refuerzos positivos ante conductas deseadas), el niño puede empezar a interiorizar un sentimiento de invalidez cada vez más potente, que poco a poco irá bajando sus niveles de autoestima; el pequeño terminará pensando que es merecedor de los castigos físicos y que nunca podrá contentar a sus padres:
Es lo que se conoce con el nombre de indefensión aprendida.
6. El castigo físico dice lo que está mal, pero no lo que está bien
Por ello mismo, el castigo físico no es un método constructivo. Advierte que la conducta desencadenante no ha sido buena, pero no ofrece alternativas correctas a esa conducta.
El niño, por tanto, sabrá que ha realizado una conducta no deseada para sus padres, pero no podrá aprender qué conducta debe de realizar la próxima vez que se presente la misma situación. Por tanto, el castigo físico no muestra cómo se puede mejorar, cosa que aumenta la confusión del niño.
7. Enseñamos que la violencia es útil en todas las situaciones, y que el más fuerte es el que gana
No enseñamos a razonar, ni a resolver problemas de manera amistosa. Enseñamos que el más fuerte siempre gana y el más débil siempre pierde.
Con la violencia, el niño no aprende a respetar a las figuras de autoridad, y esto puede provocar problemas serios, como transgresión de normas. Esto no solo puede suponer un gran problema a la hora de relacionarse con los demás, sino también puede desencadenar malas relaciones con la justicia y con la sociedad.
8. Deteriora las relaciones familiares
En las discusiones en las que se dan castigos físicos existe una comunicación no verbal unilateral. Esta comunicación no es favorable para ningún miembro de la familia. Los familiares no aprenden a dialogar y a buscar soluciones que beneficien a todos.
Algunas conclusiones:
Estas ocho razones demuestran que el castigo físico no es un método recomendable para modificar conductas, pues sus efectos secundarios no deseados son notorios.
Actualmente, la psicología recomienda otro tipo de modificadores de conducta mucho más sanos y sin repercusiones negativas, como la retirada de atención ante conductas no deseadas y el refuerzo positivo de buenas conductas.
Mireia Navarro, Psicóloga educativa: Licenciada en Psicología por la Universitat de València. Master en Psicología y Gestón Familiar. Experiencia en psicología clínica y educativa. Psicóloga en activo.
Publicado en:
http://psicologiaymente.net/desarrollo/razones-no-usar-castigo-fisico-hacia-hijos
Fuente: psicologiaymente.net