LOGROÑO. Urdiales y Castella cortan siete orejas en Logroño

 
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***A las ausencias de Perera y Talavante vino Diego Urdiales a reemplazar. Mano a mano con Sebastián Castella quedó la cita. Que tuvo miga. Y un final grandioso de San Mateo. Y una emoción exultante. Y gloria y verdad para la Tauromaquia. Para su Historia

LOGROÑO. Urdiales y Castella cortan siete orejas en Logroño

Zabala de la Serna. Destapó la corrida de Fuente Ymbro un basto toro castaño, montado, pezuñón, emplazado, huido, manso y a lo peor burriciego. Como si se moviera a los sonidos y a las sombras. De lado caminaba en la muleta, sangrado a modo, desparramando la vista (!). Urdiales se dobló, se puso por puro compromiso pues nada había que hacer, volvió a doblarse y lo mató con la habilidad de que no le arrollase.

De otro molde había salido Harpía, bajo, recortado, más fino y menos rematado, con su cuello y su cara por delante. El poder contado y la nobleza sobrada, no tanto el empleo para humillar hasta el final. Sebastián Castella lo pulsó con el capote en elegantes y fáciles verónicas. Lo midió en el caballo y aun así en el capote de Chacón derrapó sin tracción 4x4. Urdiales por delantales terminó por dibujar una media acaderada. Castella interpretó al toro con cabeza, distancia y temple. Lo afianzó en series cortas que alargaría. Se dejó tocar algo por la izquierda, redondeó la tanda cénit por la derecha, apuró por un circular invertido evitable y estrenó el marcador.

Las armónicas hechuras de Molinero en su seriedad escondían una casta propulsada. Un motor para viajar a California sin repostar. Urdiales encajó la exposición sobre el encaje de riñones. La derecha puesta como si fuera una de Bernardino Piriz con dos puyazos, cuando aquello era un vendaval. Reducir la velocidad se antojaba cosa de sabios. Alguien de mi vera gritaba "¡por abajo, por abajo!". Porque no veas el fuenteymbro cómo se remontaba cuando lo vaciaba desahogándole. Un pitonazo sobre la izquierda le caló la taleguilla, solamente. Diego, que por la mano derecha torea como Dios, bordó el último tramo de faena: planta, mentón, pecho y cintura a compás. El toreo ayudado a dos manos, la estocada por Ronda. Dos orejas casi del tirón; la ovación para Molinero, que tenía tranco y cojones.

Le Coq tiró de espolones con el astifino cuarto. En el orgullo se sentía herido. Así eran las figuras de toda la vida. Y así son, algunas... Arreó Castella con el buen toro en un duelo de quites con el riojano. Ya Pepe Botella se bebió todo el vino de la tierra. Cuidado. Transmitía el de Gallardo y Sebastián explotó por péndulos, se lo pasó con solvencia y se montó cual gallo de pelea. El desplante a cuerpo limpio disparó La Ribera. Como la estocada en todo lo alto. Embalada la plaza hasta el pleno.

Favorito, que hacía quinto, respondió a su nombre. Porque aunaba la calidad y el temple que Diego Urdiales esperaba para hacer brotar su poso, su torería y su embroque, la lentitud y la cámara lenta. ¡Uf, qué maravilla! El pecho ofrecido y los muletazos que nacen de esa colocación tan pura. Por una y otra mano surgieron esculturas. El cincel de Miguel Ángel. La faena de la tarde. El pitón contrario hallado, tan Curro Vázquez. El epílogo fue de caerse por los tendidos. El bien torear. El garbo. El molinete invertido que a mí me sobra y el descaro final que no le sobra a nadie. Puede que la estocada atravesada que asomaba dejase el premio en una sola oreja. Pero quedó el sabor de lo eterno.

Castella apretó todavía con el sexto, que era un tío. A la verónica, las dos rodillas por tierra, la raza. Galleó para ponerlo en suerte en el caballo, quitó Diego sin limpieza. Corto se quedaba el jandilla de Gallardo en la muleta, en el segundo muslo. La voltereta despertó conciencias. Un perro el galo en son de guerra. La taleguilla rota por la riñonada y el muslo izquierdo. Y volvió a ponerse en el sitio. Chapó. ¡Qué corrida de toros! ¡Qué tíos! Otra oreja. Siete en total.

Diego y Sebastián por la puerta grande. El toreo a hombros. Su verdad. El trapío, la casta, la raza, la torería y la hombría. Así, la Fiesta viviría mil años más. Apoteósico.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de La Ribera. Miércoles, 23 de septiembre de 2015. Última de feria. Toros de Fuente Ymbro, serios en sus diferentes hechuras; bueno en su contado poder el 2º; encastado y de gran tranco el 3º; bravo el 4º; con calidad y temple el 5º; complicado, manso y desparramando la vista el 1º; quedándose corto el fuerte 6º.
Diego Urdiales, de azul marino y oro. Dos pinchazos y estocada algo atravesada (silencio). En el tercero, estocada rinconera (dos orejas). En el quinto, estocada delantera y atravesada que hace guardia. Aviso (oreja).
Sebastián Castella, de coral y oro. Estocada trasera y desprendida (oreja). En el cuarto, estocada (dos orejas). En el sexto, estocada rinconera (oreja). Salió a hombros con Diego Urdiales y el mayoral de Fuente Ymbro.



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